|
Solo el cielo lo sabe (All that heaven allows, 1955) |
|||
|
En Lugano, Suiza, vive el hombre más vivo y más inteligente que he visto nunca y que, con una sonrisa feliz pero casi imperceptible, dice: "A veces he amado mucho, verdaderamente mucho, las cosas que he hecho". Ha amado, por ejemplo, All that heaven allows (1955). |
|||
|
|
||
|
Después de ver esta película sé que al último lugar donde quisiera ir es a las pequeñas ciudades norteamericanas. El resultado es que en un determinado momento Jane le dice a Rock que va a dejarle a causa de los imbéciles de sus hijos, etc. Rock no protesta demasiado, después de todo le queda la Naturaleza. Y vemos a Jane la noche de Navidad; sus hijos van a dejarla de todos modos y le han comprado una televisión para Navidad. Es demasiado. Nos están contando algo sobre el mundo y lo que nos hace. Más tarde, Jane vuelve a Rock porque tiene jaquecas, lo que nos ocurre a todos si no follamos de vez en cuando... Pero aunque ella ha vuelto a él, no hay final feliz. Alguien que ha complicado su propia vida amorosa hasta ese punto, no podrá encontrar la felicidad. |
|||
|
|
|||
|
Las películas de Sirk son descriptivas. Muy pocos primeros planos. Incluso en los planos contra-planos el interlocutor no aparece enteramente en el cuadro. El profundo sentimiento del espectador no es el resultado de una identificación, sino que proviene del montaje y la música. Es por lo que al final de estas películas experimentamos una impresión de insatisfacción. Lo que hemos visto les ha ocurrido a otras personas. Y si algo de lo que hemos visto nos concierne personalmente, tenemos libertad para admitirlo o reírnos de su significado. |
|||
|
|
|||
|
En sus películas las mujeres piensan. Y esto es algo que jamás me ha llamado la atención en otros cineastas. En ningún otro. Frecuentemente muestran mujeres que reaccionan y se comportan como se supone que deben hacerlo las mujeres, pero en Sirk piensan. Hay que ver esto. Es maravilloso ver pensar a las mujeres. Da esperanzas. Francamente. |
|||
|
Finalmente, en Sirk los personajes siempre están en habitaciones que llevan impresa con fuerza la huella de su situación social. Estos interiores son increíblemente exactos. En la casa de Jane sólo hay una manera posible de desplazarse. Sólo se pueden decir un tipo de frases cuando se quiere hablar, un sólo tipo de gestos cuando se quiere expresar algo. ¿Podrá cambiar Jane cuando vaya a otra casa, por ejemplo, a la de Rock? Ahí habría una esperanza. Pero por otra parte, quizá está tan recluida en sus estereotipos que en la casa de Rock echará de menos el tipo de vida al cual está acostumbrada y que se ha convertido en el suyo. Por esto, el happy end no lo es. Jane concuerda mejor con su propio domicilio que con el de Rock. |
|||
|
|
|
||