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El asado de Satán (Satansbraten,
1975) |
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| Dirección y guión:
Rainer Werner Fassbinder |
| Fotografía: Jürgen Jürges, Michael
Ballhaus (Color, 35 mm) |
| Montaje: Thea Eymesz, Gabi Eichel |
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Música: Peer Raben |
| Dirección Artística: Kurt Raab, Ulrike
Bode |
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Sonido: Paul Schöler, Rolf-Peter Notz, Roland Henschke |
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Producción:
Albatros Produktion, München, con la colaboración de Trio-Film, Duisburg |
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Coste: 600000 marcos |
| Duración del rodaje: 29 días
(octubre 1975 -14 días- y enero/febrero 1976 -15 días-) |
| Duración:
112 minutos |
| Fecha de estreno: 7-10-1976, en el Festival de Mannheim |
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Cita de Antonin Artaud con que da comienzo el film: "La diferencia
entre los paganos y nosotros es que en el origen de todas sus creencias existe
el tremendo esfuerzo de no pensar como hombres para permanecer en contacto con
la totalidad de la creación, lo cual significa lo divino" |
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Intérpretes: Kurt Raab
(Walter Kranz), Margit Carstensen (Andree), Helen Vita (Luise Kranz), Volker
Spengler (Ernst), Ingrid Caven (Lilly), Marquard Bohm (Rolf), Ulli Lommel (Lauf),
Y Sa Lo (Lana), Katharina Buchhammer (Irmgart), Armin Meier (Stricher), Vitus
Zeplichal (Urs), Dieter Schidor (Willy), Peter Chatel (Eugen), Adrian Hoven (Artzt)... |
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Cinco
años después de Atención a esa prostituta tan
querida, Fassbinder
pensó que iba siendo hora de
llevar a cabo un segundo autorretrato, pero esta vez en negativo
y tomando como referencia el Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud.
El pretexto que le sirvió para hacerlo fue un hecho que le produjo no pocos
quebraderos de cabeza: cuando rodó su guión original de Martha fue
demandado por los herederos de Cornell Woolrich, ya que la historia resultó ser
una copia casi exacta de su relato For the rest of her life, viéndose
obligado a incluir esta referencia en los títulos de crédito de la película. El
primer sorprendido por esta circunstancia fue él, pues jamás acertó a adivinar si lo
había leído en algún momento de su vida o si se trató efectivamente de una idea
paralela. Así nació
El asado de Satán, una obra
demoledora que a partir del tema del culto al artista constituye una visión
negrísima acerca del dinero, el poder, la apatía generalizada o la alienación.
Con su característico, afilado e inconfundible sentido de la observación, el
director creó quizás la película más transgresora de cuantas realizó, donde cada situación grotesca daba paso a la siguiente
sin apenas descanso. |
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Todo le va mal a Walter Kranz,
un famoso poeta de la revolución del sesenta y ocho, monstruo de orgullo y
narcisismo que ahora, a mediados de los setenta, sufre una crisis creativa.
Endeudado hasta la médula, su banquero se niega a concederle un nuevo préstamo.
Su editor, al ver que no ha escrito nada en los últimos dos años, también se
niega a darle un adelanto. Kranz vive con su mujer, Luise, una bruja fea mayor
que él que no deja de quejarse de las estrecheces a las que la tiene sometida, y
con su hermano retrasado mental, que se dedica a coger moscas. Además está Lilly,
una antigua amante a la que ve de vez en cuando con el consentimiento de Rolf,
su marido. Cierto día, Kranz visita a la rica Imgart para pedirle dinero y
mientras firma el cheque en medio del éxtasis provocado por unos jugueteos sado-masos
el poeta le dispara y la mata. Desde ese momento, un inspector de policía le
seguirá los pasos. Sin embargo, él continúa con su rutina y paga a una prostituta
para que le cuente su vida con el propósito de escribir un libro sobre ella.
Este hecho parece que le devuelve la inspiración, y comienza a redactar un texto
que coincide palabra por palabra con el Albatros de Stefan George. Luise,
que comienza a palidecer a causa de un cáncer, descubre el plagio y se lo dice
al marido que, lejos de sorprenderse o deprimirse por ello, decide emular a George, adoptando su personalidad, su
apariencia física e incluso sus tendencias homosexuales: intentará iniciarse en
ellas ligando con un gay en los urinarios de una estación, pero será incapaz de
llevar a cabo la experiencia. Con el dinero de Andrée (una admiradora
incondicional, solterona cegata que lleva a vivir a su casa, que en su delirio
cree ser su mujer y que sufrirá el maltrato del hermano demente de Kranz), organiza un círculo de acólitos parecido al de aquel poeta, pagándoles para que
escuchen sus creaciones. Sin embargo, la falta de dinero le hará disolver el
círculo. Tras apropiarse de los ahorros que sus padres tenían para mandarse
hacer una sepultura, Kranz decide robar a la prostituta que entrevistó, pero
sus chulos le dan una paliza y Andrée lo abandona al comprobar que es débil y ha
disfrutado con los golpes. Acto seguido muere Luise en un hospital y poco
después todo se arregla: Irmgart no ha muerto en realidad porque las balas eran falsas, el inspector de policía que lo seguía estaba al tanto de todo, su
querida Lilly se va a vivir con él porque su marido se ha ido con Andrée, y
Kranz recupera la inspiración escribiendo el relato No habrá ceremonia para
el perro muerto del Führer. |
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Fassbinder dijo a propósito de
esta película: "Walter Kranz es un hombre procedente de la pequeña burguesía,
que había tenido éxito con su obra literaria, que había estado políticamente
comprometido en tiempos del sesenta y ocho (bien porque sintió la presión real
del sufrimiento bien porque no hizo más que participar en algo que
estaba de moda), y que probablemente pensaba que las cosas debían cambiar. Y
ahora, en la actualidad, ha dado el paso: retorna a los modos de comportamiento
típicos de la clase media, aun a pesar de que sean completamente fascistas. Esto
me parece absolutamente lógico. ¿Cómo puede un hombre como Kranz, un artista,
vivir de otra forma aquello que la sociedad prescribe sin apartarse de ella?
Pues llevando la normalidad en que vive al
extremo". Desde este punto de vista, El asado de Satán es un film sobre
un poeta que hace lo que quiere... y lo que él quiere no es nada más que lo que
ha aprendido de la sociedad de la forma parte. En sus tiempos, Kranz vio la
posibilidad de expresar sus sueños a través del arte y del compromiso político,
pero en la actualidad no es capaz de escribir y la revolución es agua pasada o
como mucho tema de conversación en un salón de té. Esta situación conduce a su
pérdida de identidad y al refugio en aquellos roles determinados por las
circunstancias sociales en las que vive. Dicho de otro modo, Walter Kranz es un
poeta que se ha convertido en la pluma y la tinta con las que la brutal y
capitalista sociedad "escribe poemas", transformando sus sueños e impulsos creadores en un acto de
crueldad: "Kranz es la figura central y los que le rodean son en cierto modo
inventados. Él trata a las personas con las que se relaciona como si fueran
personajes de sus historias: todas las situaciones constituyen para él momentos
de una representación". Lo más gracioso es que Kranz no sabe que él, convertido
en un ser manipulado, arruinado e inhumano, es otro personaje más diseñado por
otros (la sociedad). No es de extrañar, por tanto, que acabe recuperando la
inspiración escribiendo una novela con un título como No habrá ceremonia para
el perro muerto del Führer. |
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Como era de
esperar, la polémica saltó con
El asado de Satán, a la que se llegó a
describir como un acto de odio hacia la raza humana, además de acusar a
Rainer de emplear los medios sociales de comunicación para descargar sus
sufrimientos íntimos sobre el público. Lo cierto es que en esta obra
Fassbinder
(calificada
por él mismo como "una de las películas alemanas más repugnantes") se complace maliciosamente en derribar figuras autoritarias y en
hacer que todas las permutaciones posibles de las relaciones humanas
aparezcan como absurdas e indignas (entre otras cosas, el guión obligaba a
los actores a
escupirse, a agredirse tanto
física como verbalmente, y a mostrarse en poses
ridículas). En este sentido resulta revelador lo que en cierta ocasión contó
el director Daniel Schmid sobre una afirmación de Rainer en la que
consideraba que "todos, incluido él mismo, eran unos cerdos, que la relación
entre él y los demás era una relación entre cerdos. Yo soy un cerdo, tu eres
un cerdo, por eso podemos tratarnos como mejor nos plazca".
Satansbraten es, por tanto, una película que excarva en el vertedero de
basuras de nuestra civilización, que se empeña en repeler y
desagradar porque muestra cómo la sociedad está organizada de tal forma que
incluso llega a apropiarse rápidamente de aquellas alternativas que puedan albergar
todavía los
sueños individuales, el arte y la acción política. De este modo, Fassbinder no
tiene ilusión o esperanza alguna de que el mundo pueda cambiar. Ello no quiere
decir que él se sintiera superior a las personas y las formas de vida que
criticaba: en esta película identificó lo peor de sí mismo con lo peor de esa sociedad de
la que él y todos nosotros formamos parte... y lo hizo con el propósito
constructivo de combatir la miseria reinante. |
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Finalmente, el rodaje de esta película fue un verdadero
martirio para algunos de sus actores principales.
Harry
Baer afirma
al respecto que "la agresividad de Rainer era implacable: se proyectó en el
personaje viscoso y
sórdido del poeta que, dicho sea de paso, fue una
estupenda creación de Kurt Raab".
Éste, consumado alcohólico, llegó a decir
que las verdaderas torturas que sufrió durante el rodaje lo llevaron a beber
más que nunca, pues Fassbinder lo obligaba a trabajar durante largas horas,
estuviese sobrio o no, humillándole delante de todo el equipo y diciéndole
que actuaba mal. Margit
Carstensen (que encarnaba a la fea, sumisa y cegata
Andrée) fue obligada a llegar unas gafas con unas lentes de un grosor casi
surrealista, lo que le provocaba fuertes dolores de cabeza. Cuando se quejó
a Rainer, éste la acusó de no manifestar entusiasmo alguno por el papel.
Ella llegó a decir que "cada uno de los dos estaba receloso del otro y yo me
sentía cada vez más insegura de mi rendimiento como actriz. Interiormente
estaba muy inhibida, algo que él suele desear de sus actores". En general,
durante toda la filmación Fassbinder no dejó de vociferar constantemente que
había que trabajar más rápido y los actores y técnicos que no seguían su
ritmo sufrieron todo tipo de
agresiones verbales por su parte. |
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El asado de Satán suele ser
considerado por los admiradores de Fassbinder como uno de sus trabajos más
profundos, dolorosos y lúcidamente nihilistas. |
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