El café (Das Kaffeehaus, 1970)

 
 
Dirección y guión: Rainer Werner Fassbinder
Fotografía: Dietbert Schmidt, Manfred Föster (Blanco y Negro, formato vídeo 2")
Música: Peer Raben
Dirección artística: Wilfried Minks
Producción: WDR
Duración del rodaje: 10 días (febrero, 1970) 
Duración: 105 minutos
Fecha de estreno: 18-5-1970, en WDRIII 

Antiteatro hecho imágenes

 

Intérpretes: Margit Carstensen (Vittoria), Ingrid Caven (Placida), Hanna Schygulla (Lisaura), Kurt Raab (Don Marzio), Harry Baer (Eugenio), Hans Hirschmüller (Trappolo), Peer Raben (Rudolfo), Rudolf Waldemar Brem (Ridolfo), Günther Kaufmann (Leander)

 
 

Durante el carnaval de una Venecia corrompida por el juego en el siglo XVIII, un café es el cuartel general de la maledicencia. Don Marzio, el propietario, confiesa a Trappolo, el camarero, que Eugenio ha perdido toda su fortuna jugando a las cartas contra el conde Leander y le ha dado en prenda los pendientes de Vittoria, su mujer, que acaba prostituyéndose para saldar las deudas del marido. También corre el rumor de que Leander podría casarse con la bailarina Lisaura, una ramera de la que Don Marzio fue cliente, pero cada vez que ella insta a Leander a que fije la fecha de la boda, éste elude la cuestión porque en realidad está casado con Placida. Por su parte, Pandolfo, el dueño de la casa de juegos, está endeudado y las cartas con las que acostumbran a jugar sus clientes están trucadas...

 

Desnudez de decoradosEl café es una película de gran interés porque entre otras cosas se trata de la única producción del Antiteatro preservada en imágenes: los títulos de crédito finales atestiguan que efectivamente "contiene elementos dramáticos que fueron creados por Rainer Werner Fassbinder y Peer Raben para la representación de esta obra en el Teatro Ciudad de Bremen". Fue rodada a base de tomas muy largas, en un único y minimalista decorado compuesto solamente por una pared blanca que actúa como fondo, unas pocas sillas negras y una alfombra blanca. Todos los actores que intervienen en la obra permanecen en el escenario durante todo el tiempo, independientemente de que aún no hayan hecho acto de presencia en el desarrollo de la trama, apareciendo sentados en segundo plano como un elemento más de la puesta en escena. El lenguaje que utilizan es arcaico y afectado pero al mismo tiempo dotado de la flexión y el tono característico propio del universo fassbinderiano, choque que provoca un efecto poético y a la vez barroco. Del mismo modo, hay una clara discrepancia entre las palabras y la forma en que son expresadas: los insultos están formulados como si se tratasen de exquisitos cumplidos, las pasiones se plantean con la misma indiferencia con la que podría pedirse un café, y los afectos son expresados con una agresividad casi asesina.

 

Fassbinder re-escribió la obra homónima de Carlo Goldoni en la que se basa para adaptarla a sus presupuestos personales: si en la pieza del autor italiano el dueño de la casa de juegos era castigado al final porque las cartas utilizadas en su antro estaban marcadas, en la versión del director alemán -como no podía ser menos- los gobernantes de la ciudad de Venecia no pueden permitirse el lujo de apresarlo porque él les debe demasiado dinero. Insobornable, Rainer fue fiel una vez más a sí mismo haciendo de una de sus obsesiones capitales el tema principal del film: todas las relaciones personales y políticas están corrompidas por el poder y el dinero. En definitiva, El café es una obra de gran calidad en la que conviven la tradicional "commedia dell'arte" y la moderna, sincera y desesperada conciencia social fassbinderiana.

 
 

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