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Harry Baer sobre Fassbinder: Entrevista de Dieter Donner |
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DIETER: (..) Después de vivir y trabajar a su lado tantos años, y además desde muy temprano por la mañana hasta muy tarde, por la noche, casi las veinticuatro horas del día, tenías la posibilidad de conocerle muy bien. ¿No sentiste nunca la tentación, no intentaste nunca hablar con él de sus excesos para ponerles coto de alguna manera? |
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| BAER: Nunca lo intenté, porque no existía la menor posibilidad de que pudiera ponerles coto. | ||||||
| DIETER: ¿No lo aceptaba, no lo quería escuchar? | ||||||
| BAER: Escuchar, quizá sí, pero después hacía lo que quería. | ||||||
| DIETER: ¿No os medía a todos, en el fondo, por el mismo rasero que a sí mismo? | ||||||
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BAER: Sí, nos trataba de igual a igual, naturalmente, pero siempre insinuando que la suya era quizá una forma más progresiva que la nuestra de tratar a las personas. |
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DIETER: En el terreno de su vida privada, de la sexualidad, ¿estaba también bajo la permanente presión de quereros demostrar que él siempre iba un paso por delante de vosotros, igual que en su trabajo profesional como cineasta? |
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| BAER: Sí. | ||||||
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DIETER: ¿Qué dirías que significaba para Rainer Werner Fassbinder una palabra importante como, por ejemplo, "fidelidad"? |
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| BAER: Pues, en mi caso, muchísimo; no puedo decir otra cosa. | ||||||
| DIETER: Extiéndete un poco más. | ||||||
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BAER: Sólo puedo decir que cuando uno ha tenido algo que ver con una persona y después sigue trabajando con ella durante años o quiere continuar trabajando, la relación es una prueba importante de fidelidad. |
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DIETER: Así que creía en la fidelidad, y estás convencido de que en su vida había personas, tú incluido, capaces de confirmarle que la fidelidad humana es posible. |
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| BAER: Sí, por lo menos con respecto a mí, sí. Le correspondía plenamente. | ||||||
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DIETER: ¿Cómo reaccionaba Rainer en el complejo terreno de los celos, respecto a ti y tus amigos? ¿Le hacían sufrir mucho los celos? |
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BAER: Sí, sufría por su causa, pero nunca, nunca quiso dejar entrever que él también podía ser celoso, porque era un sentimiento que consideraba absurdo y burgués. |
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DIETER: Por antipatía, pero seguramente también por arrogancia, por ejemplo, en el caso de alguien más popular que él. |
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BAER: Cuando alguien era realmente popular, lo aceptaba sin ninguna clase de reserva. En cuanto a odiar, sí era capaz de odiar, pero con motivos y con una rotundidad brutal. |
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| DIETER: ¿Cómo exteriorizaba esta rotundidad brutal? ¿Puedes darme un ejemplo? | ||||||
| BAER: Insultando a la persona en cuestión con palabras obscenas. | ||||||
| DIETER: ¿Era chismoso? | ||||||
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BAER: Desenfrenadamente, porque así tenía la posibilidad de escenificar historias sobre la gente que le rodeaba, y cada vez lo fue más. Incluso cuando se trataba de confidencias que exigían discreción, quien se las había hecho volvía a oírlas indefectiblemente ante una mesa de café media hora más tarde. Pero las repetía con tanta habilidad, que el otro optaba por reírse o decidía cambiar de proceder en lo sucesivo. Pero también era chismoso por el puro placer de serlo. |
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DIETER: ¿Sería injusto decir que, debido a su necesidad de ser constantemente el centro de todo, se burlaba sin piedad de los amigos más íntimos sólo por diversión, para crear ambiente, para llamar la atención sobre su persona? |
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BAER: En general y a grandes rasgos podría decirse que sí. Sin embargo, tengo que añadir, para hacerle justicia, que a partir de cierto punto de nuestra relación dejó de meterse conmigo. |
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DIETER: ¿Fue por pura suerte, o cómo explicas que hiciera una excepción contigo precisamente? |
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BAER: Quizá porque en un determinado momento se dio cuenta de que yo había dejado de hablar mal de él, lo cual hacía de vez en cuando en las ocasiones en que me sacaba de quicio, y él hacía lo mismo, naturalmente. No puedo señalar con exactitud el momento: quizá pudiéramos llamarlo una especie de educación a que me estaba sometiendo, y cuando se dio cuenta de que empezaba a dar frutos, decidió excluirme de sus futiles juegos. A mí me hacían cierta gracia, aunque no los seguía hasta el fin. La educación no fue tan lejos, pero su decisión de excluirme de semejantes historias también tiene algo que ver con la fidelidad y la amistad. |
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| DIETER: ¿Qué complejos de inferioridad tenía Rainer Werner Fassbinder? | ||||||
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BAER: Por lo menos el de no poseer un aspecto muy atractivo, hecho contra el cual luchaba -de un modo verdaderamente genial- por medio de su actitud, de su trato con la gente. Encontrarás a pocas personas que hayan trabajado con él y le hayan considerado feo, y que después del trabajo no hayan observado que podía ser un hombre extraordinariamente simpático, que sabía aprovechar todas tus posibilidades de actor, por ejemplo. |
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| DIETER: Harry, me gustaría acompañar este tema con ejemplos. | ||||||
| BAER: Dime uno, quizá a mí me haya pasado por alto. | ||||||
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DIETER: Rainer nunca se sintió a gusto dentro de su cuerpo. Ni siquiera en la infancia ni en la adolescencia ni en sus años adultos. Pero esto puede no haberse debido siempre a su falta de atractivo físico. ¿Por qué un hombre como Rainer deseaba tanto e intentaba tantas veces cambiar, abandonar la envoltura de su cuerpo? |
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BAER: Quizás porque tenía miedo de no conocer nunca un verdadero éxito en su búsqueda de la felicidad o de la amistad. En total hay dos excepciones, pero... |
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| DIETER: ¿Quiénes son estas dos excepciones? | ||||||
| BAER: Una es el marroquí El Hedi Ben Salem, y la otra Armin Meier, pero los dos son válidos con limitaciones, lo cual indica un cierto complejo de inferioridad. | ||||||
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DIETER: Has mencionado a dos hombres que de hecho ejercieron una gran influencia sobre Rainer, sobre su vida privada. Antes de ocuparnos de ellos, me gustaría hablar de la atracción que sentía Rainer hacia la muerte: sus películas están muy marcadas por esta atracción. En todos los sitios ha habido muchos hombres extraordinarios, sobre todo literatos, pintores, compositores, dedicados al arte en su mayoría, enamorados de la muerte, del suicidio, del llamado suicidio de balance, como se expresa bellamente en los círculos científicos. ¿Podrías imaginarte a Rainer enamorado de la muerte no sólo por una cuestión de sensibilidad, sino por un exceso de inseguridad, complejos de inferioridad o una sobreestimación de sí mismo? |
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BAER: El deseo de la muerte es como quien dice algo innato en los teutones, una dificultad más. En su caso... hablaba a menudo y de buena gana de la muerte y, además, de un modo que te obligaba a preguntarle si lo hacía porque le tenía miedo, como todos, o porque había llegado a pensar que cuanto más reflexionaba y hablaba sobre ella, más fácil le resultaba vencer su miedo. |
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DIETER: Así, tú no crees que por un malentendido se enamoró, sencillamente, de la idea del suicidio, sino que el tema le preocupaba en serio y reflexionaba sobre él sin miedo, de modo que podríamos decir que quería hermanarse con la muerte y no sentir como la mayoría un gran temor de que la muerte pudiera sorprenderle. |
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| BAER: Se podría formular así. | ||||||
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DIETER: Ahora debemos pasar a una cuestión esencial que contribuyó mucho al ritmo febril de la vida de Rainer Werner Fassbinder: el suicidio de su amigo Armin Meier. Armin fue uno de los dos hombres que, al menos fugazmente, comunicaron a Rainer el sentimiento de correspondencia mutua, de vida conyugal, de una existencia en común. Armin era un muchacho de la región de Regensburg, burgués, vital, natural, mimado, sin ningún falso respeto y devoción hacia cualquier clase de popularidad. Era sano, tremendamente atractivo, joven, y esto le bastaba. Y a Rainer no sólo le bastaba, sino que le fascinaba. Se lanzó a una vida nueva, joven y sana como compañero, hermano mayor y amigo. Con Armin pasó lo que debió pasar contigo y que por lo que fuera no pudo pasar. Armin, su amigo, se dejó modelar de acuerdo con la idea que Rainer tenía de la correspondencia en sus relaciones amorosas. Le incluyó en sus películas, le incluyó en todos los ámbitos posibles que rodeaban su vida. No pedía consejo; le bastaba que Armin estuviera presente siempre y por doquier. |
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| BAER: Sí, así fue. | ||||||
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DIETER: Una compasión que hizo comprender muy pronto a Rainer el temor de su amigo Armin, el temor de perderle, de no saber cómo recuperarle una vez más, y este temor fue la causa de que perdiera su atractivo y su gran importancia en la vida de Rainer. |
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BAER: Sí, en efecto. |
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DIETER: Si bien es cierto que un tercero nunca puede valorar y juzgar las relaciones amorosas, existen datos, datos que indican, o por lo menos sugieren, que Rainer hizo mucho por prolongar durante meses y meses esta relación amorosa. ¿Cómo reaccionó ante la noticia del suicidio de su compañero? |
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BAER: Rainer estaba por aquellas fechas en Colonia, en casa de sus amigos Walter Bockmeier y Rolf Bührmann, y su madre me llamó para preguntarme si conocía su paradero. Yo llamé a Rainer y le pedí que telefoneara a su madre cuanto antes. Quería que le explicara todos los detalles, y por primera y última vez le colgué el auricular en plena conversación. Después me contaron lo que hizo durante aquellos días, que fueron muchos. La primera reacción es fácil de imaginar: vómitos, alaridos, borracheras y todo lo demás. Entonces -él se alojó tras conocer la noticia en el hotel Interconti de Munich- fui a verle y le hablé, le pregunté por qué no había acudido al entierro, cómo se explicaba aquella conducta indigna de él, que daba pie a toda clase de conjeturas, y le pedí que no siguiera haciendo el juego a la plebe y que le llorara, pero de verdad. Y Dios sabe que le lloró durante más de un año, sufriendo mucho, sintiéndose culpable de la muerte de un hombre por haberle sometido a demasiadas presiones y por lo que ya hemos contado. Por primera vez le vi llorar, por primera vez, cuando le dije que consideraba una vileza que no hubiera asistido al entierro. Y qué más voy a contar, salvo que sufrió y se sumergió de nuevo en el trabajo, volviendo al tema con la película En un año con trece lunas, y demostrando con ello su fuerza y su facultad de vencer el dolor. |
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DIETER: ¿Es feo preguntar si no era Rainer una especie de monstruo por su facultad de trasladarlo todo, desde que empezó a ser adulto, a un plano artístico, y ser capaz de elaborarlo y distanciarse así del tema? |
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BAER: Si a esto se le puede llamar distanciarse, no lo sé. En cuanto a lo de monstruo... debió considerarse casi sobrehumano cuando lo consiguió. |
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DIETER: ¿No existe un gran peligro en considerarse sobrehumano por aceptar retos propuestos por uno mismo sobre temas, problemas, interrogantes, sobre relaciones humanas, que terminaron todos con un éxito clamoroso, dando la razón al famoso lema "el cisne blanco no se moja ni se ensucia", en el sentido de que uno se puede zafar de todo, a pesar de la facultad de sufrir, de la facultad de llorar, de la facultad de recibir muchos reproches del grupo de sus amigos íntimos, pero también por parte del público? ¿No se zafa así un hombre de la responsabilidad de sus actos, aunque sea posible que no fueran actos preconcebidos? |
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BAER: Quizá también Rainer pudo decirse: Aparto de mí toda esta problemática, que tal vez debo resolver, para poder analizarla hasta los límites en que yo comprenda que ha alcanzado pero no traspasado. Quizá fuera un monstruo en este aspecto. Consciente lo fue, no cabe duda. |
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DIETER: ¿Podría tratarse también de asumir una actitud práctica ante la creación, ante la naturaleza y ante la vida? |
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| BAER: Sí, al cien por cien. | ||||||
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DIETER: ¿Era un jugador por cuenta propia, un hombre que jugaba a la ruleta rusa porque estaba intelectual y espiritualmente en situación de aceptar esta lucha y deseaba perder? |
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| BAER: Debo descartar por completo el deseo de perder. No quería perder y nunca perdió. | ||||||
| DIETER: ¿Quería ganar? | ||||||
| BAER: Quería ganar y ganaba. | ||||||
| DIETER: También quería eliminar las fronteras. | ||||||
| BAER: Sí, todas, incluidas las de la salud. | ||||||
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DIETER: ¿Qué impresión le produjo, después del suicidio de su amigo, que una parte considerable de su entorno, sobre todo en Munich, y me refiero al Deutsche Eiche, que puede describirse como una taberna, restaurante o cualquier otra cosa, pero que es un templo de las musas, una sala de estar para toda clase de personas, para almas y comunidades de almas, qué impresión le causó ser, por culpa de este suicidio, no sólo evitado y tratado con hostilidad por sus amigos y por los clientes que le conocían, sino también expulsado por los propietarios, que le habían acogido con cariño durante años? Fue rechazado masivamente, aunque ya entonces era un hombre popular, un hombre de cuyo conocimiento solían jactarse todos, porque viste mucho conocer a un hombre famoso y decir: yo también soy su amigo. ¿Cómo reaccionó ante el abandono de una familia que le había adoptado prácticamente? |
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BAER: Durante una temporada permaneció indiferente, no le importó nada, pues pensaba que su culpa no podía ser tan grande; había dado mucho a Armin y éste podría haberse separado de él por otra vía que no fuera el suicidio. Él llegó a proponerle una separación que hubiese permitido a Armin vivir con desahogo y lo hizo con la mayor galantería, ofreciéndole además una vivienda propia. |
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DIETER: Así pues, en el fondo es imposible juzgar qué parte tuvo Rainer en el suicidio de Armin y qué parte tuvo éste en la disolución de su relación amorosa, y quizá no deberíamos intentarlo. |
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| BAER: Pronto volvieron a aceptarle en el Eiche. | ||||||
| DIETER: Cierto. | ||||||
| BAER: Con los brazos muy abiertos. | ||||||
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DIETER: Al cabo de tres meses casi todo había vuelto a la normalidad y la mayoría de las personas indignadas habían vuelto a ver en Rainer al simpático niño mimado de la taberna. Ahora bien, si hemos de decir toda la verdad, tanto Rainer como Armin habían sido muy adictos a las drogas. ¿Qué significaba para Rainer la estimulación a través de las drogas? No podía tratarse de una huida, porque cuando empezó a drogarse se hallaba bajo una tensión de trabajo y de planes que constituía una auténtica aventura que no sólo habría consumido a cualquier hombre, sino que habría alcanzado para diez vidas. ¿Qué significaban las drogas para Rainer? |
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BAER: Aumentar el caudal de experiencias del propio cerebro, en la medida en que esto puede conseguirse con las drogas, o sólo intensificarlo; mas, naturalmente, la curiosidad suscitada por lo que se oye contar, para qué sirve una y otra y en qué dirección se dispara la mente, o porque quería vivir por sí mismo estas experiencias. Estaba en su derecho. |
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DIETER: Nadie se lo reprochará. La pregunta es si le sirvió para rebasar sus propias fronteras, porque se trata de un argumento muy extendido para explicar por qué muchas personas han empezado a drogarse. Sólo que después, la dependencia se hace cada vez mayor y entonces deja de existir la posibilidad de controlarse y decidir libremente que "ahora ya no la necesito, pues siento que pongo en peligro mi salud". Por el contrario, la situación degenera y el drogodependiente considera ante todo los aspectos positivos de las drogas, y entonces éstas se convierten de repente en una compensación de los propios terrores personales. ¿Cuáles podrían ser los terrores que le empujaron a usarlas? |
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BAER: Quizá el conocimiento de lo que tú has mencionado antes, de haber vivido "diez vidas" y de los múltiples planes, y el temor de que todo cuanto ha concebido en planes y proyectos ya no pueda realizarse. Y tal vez el temor de morir joven o la intuición de morir joven y, por consiguiente, cierta nostalgia de la muerte y de la idea de que tomando drogas se intensificarán sus fuerzas y podrá realizar por lo menos gran parte de esos planes. |
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DIETER: Rainer había sufrido una terrible experiencia, en la época de Maria Braun según recuerdo, en forma de una crisis o un ataque cardíaco durante el cual tuvo un susto de muerte y al mismo tiempo sintió un gran júbilo y una honda felicidad al comprobar que también él era mortal. ¿Dirías que Rainer se enamoró de una historia, con la cual se identificó mucho, contenida en la novela Cocaina, sobre un hombre que a través de una experiencia similar cree tener la intuición de que no le queda mucho tiempo para vivir, de que está condenado por el destino -si queremos llamarlo así- a morir joven y acepta hasta las últimas consecuencias el desafío de tomar todo lo que preste alas a su creatividad, que tiene proporciones gigantescas, y de no perderse nada antes de que la muerte acuda a reclamarle? ¿Es posible que se sintiera tan afín a este personaje de la novela que creyera haber alcanzado por fin su meta? |
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BAER: No hacía mucho tiempo que conocía esta novela de Pitigrilli: creo que sólo unos tres años antes de morir. |
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