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No es bueno vivir en un cuerpo humano |
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Trascripción libre del
documental alemán escrito y dirigido por Peter Buchka en 1995
y
perteneciente a la serie de televisión El Nuevo Cine
Alemán. |
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"Siempre es mejor disfrutar del
dolor que solamente padecerlo." - R. W. Fassbinder,1977 |
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Hablar de Rainer Werner
Fassbinder (1945-1982) es hacerlo del autor más conocido, aclamado, prolífico y a la sazón "más alemán" de la generación del
Nuevo Cine. Su obra, cerrada tras su muerte a los treinta y siete años,
abarca cuarenta y tres películas para cine o televisión y es profusa en los
más diversos géneros siempre adaptados a su estilo personal, complejo y
refinado: cine negro, adaptaciones literarias, ciencia ficción, un western y
sobre todo, sus grandes melodramas realizados a partir de 1971. |
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Tras
vivir de diversos empleos ocasionales y rodar dos cortometrajes, se incorpora a un pequeño grupo teatral muniqués de
vanguardia: el Action Theater, refundado después como Anti-Teater. En su
seno es donde realiza sus primeras puestas en escena, que llamaron la
atención de la crítica al constituir representaciones de obras adaptadas o
escritas por él donde se daban cita la provocación y la iconoclasia
anarquista y subversiva. Con la ayuda de la práctica totalidad de los
componentes del grupo (muchos de los cuales se convertirán en colaboradores
artísticos o técnicos habituales de su cine) y el dinero recaudado en
las funciones teatrales (que no abandonará hasta 1976), dirige su primer
largometraje en 1969, El amor es más frío que la muerte, nominado al
Oso de Oro a pesar de ser recibido con abucheos y convertido con el
tiempo en el emblema de la primera época del Nuevo Cine. En este film,
cuyo título resume todas las obsesiones del autor, encontramos las constantes
que caracterizarán su obra fílmica y el denominado "sello Fassbinder":
los fríos, manieristas y calculados movimientos de cámara, los encuadres
artificiosos que hunden sus raíces en el Expresionismo, el distanciamiento
crítico hacia lo que pone en escena, la visión de una realidad opresora y
claustrofóbica en la que se dan cita el amor/desamor hetero y homosexual,
la soledad, la explotación, la mentira, el egoísmo, la falta de solidaridad
humana o los sueños inalcanzables. Las claves de su cine,
desgranadas a lo largo de trece años de carrera, pueden resumirse
a partir de los siguientes elementos recurrentes en la práctica totalidad de
sus películas: |
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| La cama |
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En el centro del mundo de Fassbinder está la cama. Lo más íntimo
que esconden los personajes del autor es exteriorizado en ese sitio:
inocentes, parejas de enamorados, prostitutas y mafiosos, pequeños burgueses
de miras estrechas, cineastas excéntricos, gays, lesbianas, sádicos y
masoquistas, infieles y solitarios, idealistas y desencantados concentran en
ella un mundo donde se dan cita el deseo y el engaño. Es allí donde la
intimidad del individuo se convierte en espejo de lo general: con una
sexualidad en apariencia privada, se hacen visibles los fundamentos de la
vida en sociedad. Así es cómo del modo más elemental, el autor muestra la
dominación y la sumisión que rigen toda relación, su creencia básica de que
el amor es un instrumento de dominación, de que todo aquel que crea en el
amor ideal caerá sin remedio en la desesperación. ("El que más ama en una
relación es el débil, el derrotado", RWF). |
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La jaula |
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Como representación básica del amor, Fassbinder encontró una
sarcástica metáfora visual: la jaula. Para el maestro, el que ama nunca
recibe una respuesta o al menos no aquélla que esperaba. De este modo, la
diferencia entre amor y sexualidad nunca queda aclarada en sus películas, y
por ese motivo el sentimiento amoroso siempre va acompañado casi
forzosamente del desengaño, el dolor y la soledad. La sociedad y por
extensión los agobiantes escenarios donde transcurre la acción
(generalmente pisos o apartamentos pequeño-burgueses) se convierten
en una jaula donde las personas viven su cautiverio aprisionados
por el orden externo de sus relaciones, de un contrato, del matrimonio. Los
anhelos no realizados pugnan por hacer explotar ese orden que oprime
constantemente a las criaturas fassbinderianas, dando lugar a una
agresividad subliminal donde se esconde siempre, muy en el fondo, una
oportunidad para la rebelión: debido a que el autor no cree en la armonía de
las relaciones humanas, el amor desencadena para él una lucha que conducirá
a un encarnizado ritual amoroso ("La soledad puede contribuir de forma
esencial en la agresividad de las personas", RWF). |
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| El matadero |
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Para Fassbinder, el mundo es un matadero en el que los
sentimientos puros no abundan porque las relaciones humanas funcionan según
las leyes de la economía de mercado: hasta la más mínima expresión de los
sentimientos está caracterizada por el más vulgar de los materialismos. En
ese universo donde Fassbinder coloca del modo más llamativo a las criaturas
que van a ser sacrificadas, las personas hacen gala de una crueldad
deplorable que llega a infundir una nausea abismal en aquellos que creen en
la pureza de los sentimientos. Posiblemente los sádicos fassbinderianos
experimenten esa nausea también, ya que el dolor infundido en los demás
también se refleja con frecuencia en su interior. Pero la nausea quedará
amortiguada mediante la bebida: los débiles beben siempre con desmesura.
Beber en exceso es precisamente la señal de su flaqueza. En su exageración
óptica, los personajes que pueblan los films de Fassbinder se agarran
literalmente a la botella, poniendo de manifiesto un elemento ineludible de
toda autodestrucción: el hastío ante la vida. La bebida, las pastillas, las
drogas -como en la vida real del autor- no podrán ayudar en absoluto a una
víctima que no está preparada para soportar la presión social ("Mis
personajes se comportan como el capitalismo y la sociedad burguesa", RWF). |
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La
autodestrucción |
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En cualquier film de Fassbinder, la resistencia que oponen sus víctimas a los acechos a que son sometidas acaba rompiéndose. Los
débiles regalan con gran patetismo su propia muerte a los opresores. La
madurez y la toma de conciencia de la realidad por parte de sus personajes
no es admitida por el autor en ningún momento: la esperanza que albergan de
encontrar la más mínima chispa de amor y comprensión en sus relaciones les
lleva a obtener su verdadera recompensa en la autodestrucción. Si al final
el personaje acaba en silla de ruedas o en prisión, o si encuentra la muerte
por mano propia o ajena en su ocaso, siempre logrará su redención
de esta forma porque el dedo acusador de su sufrimiento recae sobre la
sociedad y la presión que ésta ha ejercido en él ("La pobreza, la miseria,
el suplicio, la muerte... La justicia eterna espera. Si uno no valorara
nada, su destino no sería tan triste", un suicida en En un año con trece
lunas).
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La
crucifixión |
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Muchas de las historias contadas por Fassbinder tratan de
un amor fracasado en una sociedad fracasada. En ellas nos muestra lo que
valen para cada uno los deseos y las ilusiones. Para los que siempre dan más
de lo que reciben, el autor encontró una metáfora: la crucifixión. Sin miedo
a la exageración, Fassbinder concede a las gentes más humildes el rol de un
dios que se sacrifica a sí mismo para formular su juicio sobre la
existencia: la vida es una pasión, la existencia por sí misma es una condena
al sufrimiento. Con la creciente premonición de su muerte temprana, el
maestro se vio a sí mismo cada vez más próximo al papel del Cristo muerto
que desde el universo anuncia que él no es ningún Dios. En sus films, la
víctima redime siempre al culpable. Es una forma de santificarla porque a
través de la muerte la vida cobra sentido como pasión ("La diferencia entre
el cuerpo bajo el que al final nos sometemos y el espíritu -que es inmortal-
es una terrible discrepancia", RWF). |
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El espejo
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En Effi Briest se dice en algún momento que "las cosas no
suceden como queremos sino como los demás quieren que sucedan". Esta
afirmación es experimentada por todos los personajes de Fassbinder. Para
legitimarla, el autor encuentra el recurso de los numerosos espejos que
pueblan su filmografía. Utilizados en un primer momento para maquillarse,
probarse un vestido o deleitarse, siempre acabarán mostrando el verdadero yo
del que se mira en él. De un modo inusitadamente desenfadado, los espejos de
Fassbinder siempre dicen la verdad: se estrechan, enmarcan a un personaje,
constriñen su espacio vital... pero también desdoblan la realidad, amplían
sus perspectivas como si quisieran indicar que detrás de la realidad les
espera una tierra sin fronteras: la libertad. Sin embargo, las criaturas de
Fassbinder no están en condiciones de dar el primer paso hacia su huida a la
libertad: no pueden zafarse de su soledad y desamparo y por ello no logran
traspasar su imagen reflejada en el espejo, una imagen deprimente que les
recuerda su realidad a pesar de que ellos no quieran aceptarla ("No
podemos aceptar lo contrario de lo que ya existe. Por eso estamos lejos
de la libertad", RWF). |
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Alemania |
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Las restricciones políticas y culturales en la Alemania de los
setenta dan pie a Fassbinder para trabajar con la historia pasada y
presente. Con ello no trató de redimir ni mucho menos a la nación alemana de
sus culpas, sino de reflejar en el espejo a una nación vanidosa. Su visión
del país nunca fue influenciada por un partido o una ideología concreta:
ello le permitió una mayor concreción a la hora de disparar sus ataques. Lo
más original de su visión política es que incluso los más ocultos oponentes
del sistema imperante penden de las riendas con las que la misma sociedad
ejerce su dominación. Sus juicios acerca de una realidad absurda es lo que
otorga más fuerza a la estética política de Fassbinder, quien siempre
defendió en sus films no el cambio de una situación crítica determinada,
sino el cambio de la totalidad de la existencia humana ("Yo no tiro bombas,
yo hago películas", RWF). |
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Franz
Biberkopf |
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Fassbinder
vio en Franz Biberkopf, el
protagonista de su amado libro Berlin Alexanderplatz a su otro yo: un hombre intenso, de
sensaciones fuertes y desenfrenadas, bondadoso, vulnerable y sediento de
ternura, pero también colérico, brutal y violento que lucha contra la
esterilidad de su existencia humana. Numerosos personajes de sus películas
llevan ese nombre, y la mayoría de ellos experimentaron lo que el maestro en
la vida real: no es posible una vida sin pasión ("No conozco persona alguna
que haya vivido lo que yo de una forma tan lastimosa y deplorable", Franz
Biberkopf en el personal epílogo de la serie Berlin Alexanderplatz). |
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Querelle
puso punto y final a una de las carreras más importantes y fascinantes de la
Historia del cine. Restaron muchos proyectos por hacer a Rainer Werner
Fassbinder cuando la muerte le sorprendió mientras escribía el guión de la que
iba a ser su próxima película: una explosiva mezcla de alcohol, drogas y
somníferos que tomaba desde hacía años le quitó la vida el diez de junio de
1982. |
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