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La tercera generación (Die dritte
Generation, 1979) |
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| Dirección,
guión y fotografía (Color, 35 mm): Rainer Werner Fassbinder |
| Montaje:
Juliane Lorenz |
| Música:
Peer Raben |
| Dirección
Artística: Raul Gimenez, Volker Spengler |
| Sonido:
Hartmut Eichgrün, Jean Luc Marie |
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Producción: Tango Film, Berlin; Project
Filmproduktion im Filmverlag der Autorem, München |
| Coste:
800000 marcos |
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Duración del rodaje: 30 días (diciembre 1978-Enero 1979) |
| Duración:
110 minutos |
| Fecha de
estreno: 13-5-1979, en el Festival de Cannes |
| Dedicada
"al amante fiel... ¿como a ninguno probablemente?" |
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Intérpretes: Volker Spengler (August), Hanna Schygulla (Susanne),
Bulle Ogier (Hilde), Harry Baer (Rudolf), Vitus Zeplichal (von Stein),
Udo Kier (Edgar), Margit Carstensen (Petra), Günther Kaufmann (Franz),
Eddie Constantine (Peter Lenz), Raul Gimenez (Paul), Y Sa Lo (Ilse),
Hark Bohm (Gerhard), Claus Holm, Lilo Pempeit... |
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El éxito de El matrimonio de
Maria Braun pareció dejar indiferente a Fassbinder: no habiéndole bastado
con rodar después En un año con trece lunas a sabiendas de que no iba a
tener prácticamente ninguna posibilidad en las taquillas, decidió dirigir La
tercera generación, una obra más minoritaria si cabe que la anterior y
quizás la de más difícil acceso de su filmografía, esta vez sobre el terrorismo
alemán y su evolución, y lo hizo justo cuando la situación política en el país
hacía tiempo que volvió a su cauce. De este modo, la tercera generación a la que
alude el título es la facción que quedó de la RAF tras su desarticulación, la
cual no se movía ya por ideales y objetivos políticos sino solo por el gusto de
la aventura arriesgada y la acción por la acción ciega y gratuita. En palabras
del director, "esta generación de terroristas tiene más que ver con esta
sociedad y la violencia que ella ejerce que con las motivaciones de sus
antecesores. Estoy convencido de que no saben lo que hacen, y si lo que hacen
tiene algún sentido éste radica en la violencia aparentemente excitante, en la
aventura ficticia que genera el sistema, administrado con una perfección cada
vez más escalofriante. El hecho de que este fenómeno exista exclusivamente sólo
en este país tiene que ver naturalmente con él mismo, con sus errores, sus
negligencias, su democracia conservada como regalo, a la cual -como en el caso
del caballo regalado- no se le mira el diente". |
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Definida
por Rainer como "una comedia en seis partes sobre juegos para adultos, llena de
suspense, emoción y lógica, horror y locura, igual que los cuentos de hadas que
relatan a los niños para que la vida -que siempre culmina en la muerte- resulte
más soportable", esta farsa política donde el poder y el terrorismo parecen
divertirse juntos como si de un juego de sociedad se tratase, narrada con tintes
surrealistas y kafkianos en la que en diferentes momentos llegan a superponerse
hasta siete planos distintos de sonido (televisión, radio, música ruidosa y
diálogos) para que ninguna clase de mensaje tenga ocasión de explicitarse lo
suficiente, nos muestra al señor Peter Lenz, representante de una multinacional
electrónica, que activa y financia a un grupo de terroristas un poco dispersos,
memos y locos para que simulen su propio secuestro con el objetivo de estimular
el mercado de las computadoras, ya que los actos terroristas provocan
importantes compras en este terreno por parte del Estado. De este forma, todos
conseguirán sus fines: la industria saldrá ganando, la policía podrá investigar
con éxito utilizando procedimientos represivos
y los terroristas satisfarán sus ansias de actuar y continuar con la
escalada de acciones insensatas y sangrientas. |
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La explosiva tesis de la película -según la
cual el capital ha inventado el terrorismo para obligar al Estado a protegerle
mejor- y el cóctel de ira, sarcasmo y provocación que desprendía el conjunto (de
hecho, los títulos de las seis partes en que se divide esta obra consistieron en
garabatos procedentes de retretes públicos berlineses que
hacían alusiones obscenas y racistas), tuvieron sus consecuencias: en primer
lugar la FKT, instrumento del senado berlinés para la financiación
cinematográfica, negó los trescientos mil marcos de subvención escudándose en
las escasas posibilidades que tenía el film de obtener un éxito comercial, lo
que provocó que la productora de Fassbinder -Tango Film- estuviese endeudada
hasta Querelle y ello según Harry Baer "a causa de que Rainer haya podido
permitirse la satisfacción de opinar". Pero también esta obra provocó reacciones
airadas en diferentes puntos del país: en Hamburgo una banda de neonazis propinó
una feroz paliza al operador de cabina de un cine y destruyó la copia de la
película. En Frankfurt, un grupo de jóvenes pertenecientes a la tercera
generación atacó un cine arrojando botellas de ácido. Y la extrema derecha lo
acusó de hacer apología de la extrema izquierda. A todo esto, Rainer respondió
con una famosa frase: "Yo no tiro bombas, yo hago películas" reafirmándose en
que "este terrorismo es un verdadero regalo de Dios para el Estado en su etapa
actual de desarrollo. Si los terroristas no existieran, el Estado tendría que
inventarlos. Y quién sabe si no es así". Anteriormente también había dicho que
la situación del país y las polémicas que suscitaban sus películas le habían
llevado a la conclusión de que tal vez preferiría ser barrendero en México que
director de cine en Alemania. |
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A
pesar de su dificultad,
La tercera generación
está considerada como una de las mejores y más audaces películas del maestro. |
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