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Fontane Effi Briest (1972-74) |
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| Dirección y
guión: Rainer Werner Fassbinder, según la novela de Theodor Fontane |
| Fotografía: Dietrich Lohmann,
Jürgen Jürges (Blanco y Negro, 35 mm) |
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Montaje: Thea Eymèsz |
| Música: Fragmentos de Camille Saint-Saens |
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Dirección artística: Kurt Raab |
| Sonido: Fritz Müller-Scherz |
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Producción: Tango Film, München |
| Coste:
750000 marcos |
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Duración del rodaje: 58 días (septiembre-octubre 1972; octubre-noviembre
1973) |
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Duración: 141 minutos |
| Fecha de estreno:
28-6-1974, en el Festival de Berlín |
| Lema que acompaña al título de la película:
"Muchos tienen una idea de sus posibilidades y de sus necesidades; sin embargo,
aceptan en sus cabezas el sistema imperante mediante sus obras, y con ello lo
consolidan y lo confirman por completo" |
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Intérpretes:
Hanna Schygulla (Effi Briest), Wolfgang Schenck (Baron Geert von Instetten),
Karlheinz Böhm (Wüllersdorf), Ulli Lommel (Mayor Crampas),
Ursula Strätz (Roswitha), Irm Hermann (Johanna), Lilo Pempeit (Luise von Briest,
madre de Effi), Herbert Steinmetz (Herr von Briest, padre de Effi), Hark Bohm (Gieshübler),
Rudolf Lenz (Rummschüttel), Barbara Valentin (Marietta), Karl Scheydt (Kruse),
Theo Tecklenburg (pastor Niemeyer), Barbara Lass (Köchin), Eva Mattes (Hilda),
Andrea Schober (Annie), Anndorthe Braker (Frau Pasche), Peter Gauhe (Dagobert)... |
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Premios y nominaciones: |
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-Festival de Berlín: Premio Interfilm. Nominada al Oso de Oro como Mejor Película |
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Effi Briest
-estrenada con gran éxito pese a las iras de colectivos feministas
en el Festival de
Berlín en 1974-
es una
apasionante cumbre del cine fassbinderiano rodada
en blanco y negro que
supone -porque el director se lo
impuso- una
armonización
ideal entre el texto literario
en que se basa (de Theodor Fontane) y la
imagen fílmica. Podemos
decir sin exagerar
que tiene toda la belleza y maestría que puede
desprender una obra
clásica.
A finales del
siglo pasado Effi
Briest, una joven de diecisiete años y de carácter muy
alegre, hija de un
hacendado brandenburgués,
se casa con
el barón de Instetten,
un jefe del distrito prusiano de Pomerania, hombre
algo rígido pero
correcto. Insatisfecha en su matrimonio a causa de un
marido absorto en su
carrera, la romántica Effi vive una aventura con el
atractivo Mayor Crampas.
Cuando el barón, que entretanto ha sido nombrado
consejero ministerial
en Berlín, se entera de ello seis años
después, se
atiene -no sin dudas
internas- al código de honor de su clase y a los
principios morales de
la sociedad del Kaiser
Guillermo matando al
ex-amante
en un duelo a pistola, se
separa de su mujer y se queda con
el
único hijo
del matrimonio.
Excluida de los círculos sociales y rechazada
por sus
padres, Effi no tarda en morir de dolor y vergüenza
en su soledad. |
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La historia de Effi no es más que la de su
educación fracasada: la heroína pasa bruscamente de una infancia mimada,
protegida, despreocupada, a la vida apagada, severa y gris de esposa de un
hombre con futuro, papel para el que no solo no ha sido preparada sino que todos
(sus padres, su marido, su amante) le impiden que asuma so pretexto de que "no
sabe", de que todavía es una niña. En efecto, la joven vive aún en un mundo
mágico en el que los relatos fantásticos, los cuentos y leyendas le causan gran
impresión: su marido le cuenta historias de fantasmas con una "finalidad
pedagógica" y posteriormente su amante Crampas le hará notar que lo hace para
que piense que cuando él no esté la vigila uno de ellos. Precisamente, el barón
Instetten es un personaje muy rico: cuando toma la decisión de abandonar a su
mujer y arrebatarle a su hija, no hace más que cumplir "la ley": ello no lo
convierte ni en un monstruo ni en un verdugo sino sencillamente en un hombre
prisionero de la moral de su época, que todo lo sacrifica a su integridad y cuya
infelicidad y soledad se deben por tanto a su excesiva y severa probidad. De
este modo, Fassbinder da lugar con Fontane
Effi Briest a una bellísima descripción de un mundo
estéril, hostil a la vida, donde los personajes aparecen atados y asfixiados por su entorno, inmóviles, rígidos
y sistemáticamente reflejados en espejos. La impresionante fotografía del
film acentúa deliberadamente ese universo mediante llamativos contrastes
luz/sombra, los cuales aluden a los miedos y los entresijos del alma de la
protagonista ante las leyes planas de la sociedad a la que tiene que enfrentarse
y que la oprime. La lenta muerte en vida de Effi se traduce en la imagen "por el
equivalente de una leucemia fotográfica, por una pérdida cada vez más
pronunciada de los valores, por la palidez cada vez mayor de un rostro que acaba
por disolverse totalmente en la bruma que lo rodea y que ahoga el paisaje tras
ella, por una corrosión sistemática de los negros, de las sombras, de los
contornos y de los grises. Este blanco y negro muy suave y extremadamente
luminoso, que evoca la palidez desteñida de los daguerrotipos, confiere a la
película una dimensión irreal, inmaterializando su contenido. Este deslizamiento
metafísico del contenido a la materia misma del soporte está, en realidad, muy
próximo a Murnau, pues es la expresión humana, dolorosa y extenuada de un
hacerse fantasma irreversible". |
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Tal y como haría
posteriormente en Querelle, hay que destacar el protagonismo que cobra la
omnipresente
figura del narrador de la historia (el mismo director), los numerosos rótulos
intermedios consistentes en diversas citas de Fontane y breves comentarios al
hilo de la trama, y la importancia de los fundidos
al blanco: según
Fassbinder "cuando
se funde al negro,
el público (tal y como afirmaba Siegfried Kracauer)
comienza a fantasear, a soñar, y yo quería
conseguir el efecto
opuesto a través del blanco:
quería despertar al público. Esta película no
debía funcionar a
través del inconsciente, sino a través de la conciencia...
Cuando lees un libro te
imaginas a tus propios personajes. Eso era lo que
yo quería hacer en
este film".
En este sentido, para
potenciar este provocador halo literario del film,
los actores principales fueron
doblados por otros habituales de Rainer:
Ulli Lommel (el amante de la heroína) por Wolfgang Hess (que interpretaba al
marido de Effi), Irm
Hermann por Margit Carstensen,
o Hark Bohm por Kurt Raab. Pero
además, el director quería evitar la pasividad del
espectador impidiendo
mostrar "acciones completas": "Yo
quería que esta
película fuese leída". Así, por ejemplo, en la escena del
duelo acentuó
claramente las discusiones que conducen al mismo, pero de él
no mostró nada. Sólo se
oye el disparo: "El duelo es el lógico desarrollo de
la manera de pensar de
esas personas, pero como duelo no tiene gran
importancia. Lo único
que cuenta es que sucede como consecuencia de sus
ideas. Nos encontramos
en una sociedad donde ciertas cosas conducen a duelos
y este duelo concreto
tiene ciertas consecuencias importantes. Lo que me
interesa es lo que hay
antes y después de la secuencia de acción
y no esta misma". Evitó incluso la
escena de amor entre
Effi y su amante Crampas: "Yo creo que se han acostado, pero el lector
y el espectador deben decidir por sí mismos si son
capaces de cometer ese
acto". |
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Effi Briest supuso un regalo de despedida
momentáneo para la
actriz protagonista y musa de Fassbinder, Hanna
Schygulla, la cual
manifestó no sentirse satisfecha con el acuerdo económico
que hasta entonces
había aceptado: cinco mil marcos mas una participación
del dos y medio por
ciento en los beneficios de la película. Aquello sentó
muy mal a Rainer,
máxime viniendo de su particular "Inmaculada Concepción".
Se enfureció tanto que
le dijo que estaba harto de ella, que no podía
soportar mirarla
siquiera y que en cuanto
estrenaran la película
se despidiera de cualquier otro papel durante unos
cuantos años. Dicho y
hecho: Hanna estuvo cuatro años sin trabajar con
Fassbinder. Durante ese
tiempo ella lo llamó con insistencia pero él
ignoraba -no sin dolor-
sus llamadas. En 1978 tuvo
lugar la reconciliación, cuando le propuso encarnar a la heroína de El
matrimonio de Maria Braun. |
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