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A la hora de
acercarse a la extensa obra cinematográfica de Fassbinder, el cinéfilo o
espectador interesado en la misma debe ser consciente de que no sirve cualquier película
para satisfacer su curiosidad: la mayoría de ellas, por su idiosincrasia y por
muy universales que sean los temas que tratan, chocan con las convenciones del
cine al que habitualmente se está acostumbrado. Por ello, a pesar de su enorme
originalidad y capacidad de fascinación, los films que forman parte de la etapa
1969-1970 no son en absoluto recomendables para una primera toma de contacto con
el director germano: tal y como él reconoció, el lenguaje de películas como El amor es más frío que la
muerte, Katzelmacher, Los dioses de la peste, Señor R,
Whity, El soldado americano o Prostituta querida era
"demasiado privado y difícil". Por tanto, antes de enfrentarse a ellas y para
poder comprenderlas y valorarlas posteriormente en su justa medida, hay que
transitar las sendas de su filmografía donde se encuentran sus melodramas
distanciados, empezando por El mercader de las cuatro estaciones,
Todos nos llamamos Alí, La ley del más fuerte o Viaje a la
felicidad de mamá Küsters, y siguiendo con Petra von Kant y Effi
Briest. Del mismo modo, a pesar de ser historias sobre la reconstrucción
alemana en tiempos de posguerra (era Adenauer) y estar narradas en clave de
metáfora, también resultan muy adecuadas Maria Braun, Lola y
Veronika Voss, así como Lili Marleen, su film más comercial. Este
último, sin embargo, podría conducir al espectador o al cinéfilo desprevenido a
una percepción errónea del cine de Fassbinder, por cuanto se trata de una obra
bastante convencional que si bien resulta interesante, se queda solamente en la
superficie de su universo personal. Finalmente, películas como El asado de
Satán, Ruleta china, Desesperación, En un año con
trece lunas, La tercera generación (probablemente su film más
árido y difícil) o Querelle requieren, dada su radicalidad, de cierta experiencia
con Rainer y deberían disfrutarse después de las citadas anteriormente. |
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Con respecto a
sus obras televisivas, podemos afirmar que no plantean dificultad alguna, a
excepción quizás de Niklashausen el agitador, El café o el epílogo
de Berlin Alexanderplatz. De la práctica totalidad de todas ellas
puede decirse que se caracterizan por su lenguaje estrictamente cinematográfico:
no tienen absolutamente nada que ver con el formato habitual de los telefilms
que suelen emitirse a través de la pequeña pantalla. Las más reputadas y
recomendables son Martha (una auténtica y aclamada obra maestra),
Libertad en Bremen, Miedo al miedo, Solo quiero que me ames (absolutamente
imprescindible), Bolwieser (también conocida como La mujer del
ferroviario) o su obra magna Berlin Alexanderplatz.
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