"Esta página nace de un acto de amor: Rainer, te adoro"

Rafael Morata Cantón

Rainer Werner Fassbinder. Chaqueta de cuero, gafas de sol, sombrero, bufanda, camisa por fuera de los pantalones vaqueros, botas altas, cigarro en mano. Amable, brutal, cariñoso, cínico, solidario, egocéntrico, depresivo. Crítico, sincero, trasgresor, polémico, descarnado, suicida. Creador.

Catorce años de vida profesional. Una treintena de obras de teatro dirigidas y escritas o adaptadas por él. Cuatro producciones radiofónicas. Dos cortometrajes. Veinticuatro películas para cine. Diecisiete para televisión, incluyendo cuatro series que suman un total de veintitrés episodios. Cine de gangsters, una particular incursión en el western y en la ciencia-ficción, adaptaciones literarias y teatrales, melodramas. Productor, co-productor y guionista de la gran mayoría de sus películas y de tres obras ajenas. Fotografió y se ocupó de la escenografía de algunos de sus films. Participó en el montaje de casi todas sus obras bajo el seudónimo de Franz Walsch. Actor protagonista, secundario o figurante en sus propias películas y en las de otros autores.

Desde su ópera prima, El amor es más frío que la muerte (1969), hasta su obra póstuma, Querelle (1982), Fassbinder articula un discurso donde los sentimientos y las emociones humanas estallan como consecuencia de la tensión y la violencia que rigen las relaciones entre unas personas que son producto de su sociedad. Las clases altas, medias y bajas; las facciones políticas de todo signo; el pasado y el presente del pueblo alemán no se libraron de una mirada crítica, profunda e insobornable que escandalizó a la conservadora nación alemana de los años setenta.

La vida como exceso. Pasión enfermiza por el trabajo: “Ya dormiré cuando esté muerto”. Una compleja vida sentimental, alcohol, drogas, tranquilizantes, somníferos: “Cada cual debe decidir si es mejor llevar una vida breve pero intensa o larga y rutinaria”. Eligió vivir intensamente y murió joven, en junio de 1982, a los treinta y siete años de edad, mientras trabajaba en un nuevo guión. Sin embargo, Rainer Werner Fassbinder vive a través de su arte, porque resulta imposible distinguir al hombre del artista: sus películas son él. En ellas plasmó hasta el más íntimo de sus pensamientos. Su desaparición supuso el fin del llamado Nuevo Cine Alemán y el comienzo de su entrada en la Historia del Cine.

Sé que estás ahí, amado Rainer, porque tus obras trascienden su época y continúan retratando, vigilando y cuestionando la sociedad del siglo XXI. No soy capaz de calcular la repercusión y la influencia que en todos los ámbitos de mi vida has ejercido sobre mí. He de saldar, entonces, la deuda que tengo contraída contigo dedicándote esta humilde obra personal en forma de página web, que no es más que una mínima expresión del amor y la admiración que siento hacia ti.