Fassbinder productor

 
 

A través de su empresa Tango Film, Fassbinder produjo con un modesto presupuesto dos películas de estilo y temática muy cercanas a su universo personal. El control que ejerció sobre las mismas fue total: de hecho, el equipo técnico y artístico de ambos films estuvo formado por los miembros más destacados de su troupe.

 
 
 
LA TERNURA DE LOS LOBOS (Zärtlichkeit der Wölfe, 1973)
 
 
Director: Ulli Lommel
Guión: Kurt Raab
Fotografía: Jürgen Jürges (Color)
Montaje: Thea Eymèsz, Rainer Werner Fassbinder
Música: J. S. Bach, Peer Raben
Duración: 85 minutos
 
Intérpretes: Kurt Raab, Jeff Roden, Margit Carstensen, Brigitte Mira, Ingrid Caven, Rainer Werner Fassbinder, Heinrich Giskes...

 
 

Fritz Haarman nació en el seno de una familia pobre. Desde pequeño, fue un niño muy problemático y difícil. A los diecisiete años se le detuvo por acosar a menores y fue encerrado en un sanatorio mental, del que escapó poco más tarde. Libre, deja embarazada a una joven pero se desentiende de ella una vez nace el niño, momento que aprovecha para enrolarse en el ejército, una etapa que proporciona gran estabilidad a su espíritu perturbado pero que desgraciadamente se ve interrumpida por problemas de salud. A partir de entonces, los acechos y abusos a menores así como sus estancias en la cárcel motivadas por esos y otros delitos de diferente naturaleza se hicieron continuos. Entre 1918 y 1924, con ayuda de su amante Hans Grans, Fritz se dedicó a atraer a su casa a solitarios chavales a los que tras una cena y una ingesta considerable de alcohol acababa mordiendo en el cuello para chuparles la sangre hasta dejarlos morir. Posteriormente los descuartizaba, separaba la carne de los huesos, tiraba éstos al río y vendía de contrabando a aquélla. En la primavera de 1925, después de asesinar casi a una cincuentena de jóvenes, fue detenido y condenado a morir decapitado.

 

Fritz muerde a una de sus jóvenes víctimasEsta es la corta biografía del protagonista de la película de Ulli Lommel La ternura de los lobos, producida por Fassbinder en 1973. Kurt Raab, protagonista y guionista de la misma, se centró en la última etapa de la vida de Haarman cambiando, sin embargo, la época en que transcurrieron los sucesos por la de la Alemania inmediata a la caída del III Reich. Lommel, en una entrevista, basa las razones de ese cambio en el hecho de que las localizaciones que tenía previstas eran más propias de los años treinta y cuarenta que de los años posteriores a la Iª Guerra Mundial. No obstante, hay una clara y muy inteligente intencionalidad por parte de los autores de utilizar esa época como telón de fondo para ofrecer el retrato de una Alemania sombría, desconfiada, confundida, perturbada, corrupta y temerosa tras la caída de Hitler ("Son malos tiempos incluso para la policía", le dice en una ocasión el comisario a Fritz; "Alemania está destruida: nada que comer, nada que beber", afirma un soldado que le invita a irse a Turquía), una Alemania quizás muy similar a la pre-nazi que Lang mostraba en M, tratando de emparentar ambos períodos de forma muy consciente, una impresión que es inevitable cuando acaba la película de Lommel. Sin embargo, y a pesar de que de forma bastante apresurada y alegre se ha afirmado a menudo que La ternura de los lobos se basa en M, debemos decir que ello es más fruto de la casualidad, de la coincidencia tanto en el tema como en ciertos aspectos de la lectura, que otra cosa: el único momento en que Lommel homenajea directamente al clásico de Lang es aquel en que policías y maleantes, filmados en picado, estudian sobre un plano la forma de detener al criminal. Por tanto, La ternura de los lobos encuentra su valor en sí misma: no hay que remontarse a M ni pensar demasiado en ella tras su visión. Y ahora, entremos directamente en materia...

 

Puede decirse con absoluta precisión que el comienzo de la película, haciendo gala de una ejemplar y contundente economía expresiva, resume de una forma directa, implacable y muy inquietante tanto al protagonista como a su historia: una serie de golpes en el piso de al lado despiertan a una mujer en la madrugada; ella se levanta y a través del tabique pide a su vecino Fritz Haarman que le sirva carne al día siguiente. Él le responde que no puede ser, que solo dispone de sobras. La señora vuelve a acostarse; los golpes continúan. Seguidamente, sobre el caminar nocturno de la solitaria sombra de Fritz proyectada en una pared aparecen los títulos de crédito y el fondo sonoro tanto de sus pasos como de la música de Bach. Excelente presentación y retrato de un personaje que, en realidad, es y actúa como una sombra en la sociedad donde vive al margen: mortal para los jóvenes y niños que acecha; útil para la policía; falsa y suplantada para los pudientes a quienes engaña; exprimida y explotada interesadamente por su amante y el círculo de amistades que frecuenta.

 

Cuando vemos a Haarman por primera vez (nos lo presentan completamente calvo y con una tez pálida) yace en su cama con un joven desnudo en la penumbra del amanecer. La cámara hace un pequeño y parcial recorrido por su pequeña y lóbrega vivienda de paredes sucias adornadas entre otras cosas por un colorista cuadro religioso con motivos infantiles y un gran crucifijo que resalta sobre todo lo demás. La policía entra en la casa y los detiene: a cambio de encarcelarlo (es la decimoséptima vez que lo detienen: prostitución, robos, atracos, vagabundeo, acoso a menores, fraudes...), el comisario pide a Fritz que trabaje para la policía controlando y deteniendo a vagabundos y maleantes que se encuentran principalmente en la estación de tren. A partir de entonces, Haarman desempeña con mayor facilidad su actividad preferida: acechar a jóvenes que están solos para que, bajo la promesa de proporcionarles comida, alojamiento y dinero mientras les encuentra un trabajo o intentan hacer realidad sus sueños (un viaje a América, convertirse en marinero), llevarlos a su casa, darles cena y alcohol, acostarse con ellos y matarlos. Pedirles el documento de identidad o el pasaporte, preguntarles la hora o sonsacarles sueños y necesidades era la forma que tenía de acercarse a ellos, ya fuera en la estación de tren (obviamente, su lugar de captación más habitual), en plena calle, en un río o en una cantina. Cuando se lleva al primer joven a casa, se mete en la cama con él; sin embargo, a la mañana siguiente sale con un barreño tapado y repleto de carne que vende por 60 marcos a la señora Engel, dueña de una fonda, degustándola más tarde junto a ella y los habituales de la misma en una comida familiar.

 

Fritz, encarnado por el magnífico actor Kurt RaabPoco después, aparece en escena  después de llevar un tiempo distanciados Hans Grans, de quien Fritz está locamente enamorado. Su encuentro con él en casa es violento: Haarman le insulta y le echa en cara que se fue con sus putas, que ahora solo ha venido para exprimirle otra vez. Le dice que se vaya, pero nada más cerrar la puerta se arrepiente y le pide que se quede. El personaje de Hans dista mucho de ser el equivalente al auténtico: si en su biografía aparece que colaboró intensamente en las orgías sanguinarias de aquél, Lommel y Raab lo sitúan al margen de las mismas y hacen de él una persona fría, despreciable, abominable, poseedor de un cinismo insoportable, consciente de los crímenes de Fritz (cuando un joven sube las escaleras del portal, Hans dice a sus amigas en la calle que esa noche Haarman "morderá"), que solo esta con él interesadamente para sacar tajada (nuestro vampiro confiesa a una amiga que podía tener una gran fortuna si su amante no lo hubiera dejado sistemáticamente sin nada). Apenas tiene tres frases en la película: permanece durante casi todo el tiempo incómodamente callado, como si ejerciera de simple figurín: siempre es el sujeto pasivo que acompaña a Haarman cuando éste, en sus pillerías, se hace pasar por cura o por desempleado ante personas pudientes, a quienes pide ropa que posteriormente cambia por dinero o comida. En ningún momento Hans es co-ejecutor de estos delitos: ni siquiera cuando Fritz roba ropa de los cordeles cuando no puede hacerse con ella en sus suplantaciones. Él solo se limita a dejar hacer al otro y, si acaso, echarle una mano con la mercancía en la huida. Tampoco importa a Hans ridiculizarle cuando pasea solo en compañía de sus amiguitas: es un auténtico chulo.

 

Precisamente, los únicos momentos en que Haarman se muestra humano tienen que ver con las personas con las que se relaciona, a las que trata siempre de forma muy cortés (la señora Engel, su amiga Dora Hans) y sobre todo con Hans: se consuela pensando en que su amante lo cuidará cuando sea mayor, lo quiere con locura y se muestra celoso cuando aparece Wittowski (otro chulo maleante interpretado por Fassbinder a quien culpó de la primera separación entre ambos) o baila con sus amigas, momento éste en que no le importa montarle una escena en la cantina, motivando una segunda y última separación entre ambos: Fritz, preso de la soledad (una soledad que no soporta, quizás similar a la de sus víctimas) le rogará que vuelva con él, pero el otro lo rechazará. A partir de ese momento, los acechos a jóvenes y niños aumentan (solo vemos dos veces durante el metraje su ritual vampírico: tras conversar y dar de cenar y beber al chico de turno, comienza a besar lentamente su cuello hasta que le muerde, desnudándolo posteriormente para recrearse, como un poseso, en su cuerpo ensangrentado).

 

Las denuncias de alguna madre y de una vecina de Haarman que siempre había sospechado de él y de los extraños golpes que procedían de su casa, la aparición de cráneos y huesos flotando en el río y las sospechas de un inspector estrechan el cerco en torno suyo: con ayuda del círculo de sus amistades (Hans, Wittowski, la señora Engel, sus amigas), Fritz será finalmente detenido tras morder al joven que le ponen de gancho. La película concluye con una cita de su diario que también aparece al comienzo de la misma: "Entregaré con gusto mi muerte y mi sangre, como un modo de indemnización, a los brazos de dios y la justicia".

 

Tensa secuencia de "La ternura de los lobos"La ternura de los lobos es una película dura, no por desagradable (jamás se recrea en el morbo o en los aspectos más escabrosos: todo lo contrario) sino por la incomodidad de su frialdad, por el desamparo en que sume al espectador: Ulli Lommel y Kurt Raab no toman partido en ningún momento ni por las víctimas (la puesta en escena es tan estilizada que es muy difícil llegar a sentir compasión por ellas) ni por el asesino (probablemente, por un episodio de juventud que relata Haarman a Hans sin que éste le haga el menor caso, él también sufrió el abuso de algún adulto: "tenía miedo, pero me quedé a dormir con él") ni, por supuesto, por la sociedad (una sociedad consciente de los delitos y del peligro de Fritz, pero tan corrupta e interesada -en unos tiempos ciertamente difíciles- que se benefician de él, ya sea la policía a través del trabajo que realiza para ellos e, incluso, de la carne que hace llegar al comisario y que éste guarda para sí en el cajón; ya sean  sus amistades, que conocen y consienten sus devaneos con chicos jóvenes para seguir sacando réditos de él). Puestos en una balanza, tanto Haarman como la sociedad en que se desenvuelve son las dos caras de una misma moneda. Cuando la situación se hace verdaderamente insostenible (incluso para la policía, cuya pasividad y desidia la hacen víctima de rumores que incluso apuntan a su colaboración con antiguos agentes nazis) es cuando todos deciden actuar: un vampiro devora a otro vampiro, pero ahora el primero es mucho más fuerte y goza de una dudosa e hipócrita legitimidad "justificada".

 

Haciendo gala de un empleo magistral de las elipsis y con el equipo técnico y artístico de Fassbinder (a destacar la interpretación de Kurt Raab en el papel de Haarman: la tonalidad de su voz y sus miradas se  clavan en el alma), La ternura de los lobos es un pequeño clásico desgraciadamente poco conocido, editado en DVD por Anchor Bay en USA con subtítulos en inglés.

 
 
 
JUEGO DE LOS PERDEDORES (Spiel der Verlierer, 1978)
 
 
Dirección y guión: Christian Hohoff                   
Fotografía: Horst Knechtl (Color)                  
Montaje: Franz Walsch (seudónimo de Rainer Werner Fassbinder) y Juliane Lorenz                   
Música: Peer Raben                   
Dirección artística: Rosina Hasshoff                  
Duración: 80 minutos                  
                   
Intérpretes: Jörg von Liebenfels, Maria Schell, Claus Holm, Margit Carstensen, Martina Winkelbach, Michael Ballhaus, Christiane Maybach, Armin Meier, Karl Scheydt...                  

Esta película -cuyo título primitivo fue Y mañana llorarás por mí-, narra la historia de un maduro transportista enamorado de la hija de quince años de los propietarios de un bar. Cuando éstos, que al principio no veían esa relación con malos ojos por estar cargados de deudas, le denuncian por seducir a una menor de edad, el transportista tomará una drástica decisión...

 
 

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