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Intérpretes: Brigitte
Mira (Mamá Küsters), Ingrid Caven (Corinna), Karlheinz Böhm (Tillmann), Margit
Carstensen (esposa de Tillmann), Irm Hermann (Helene), Gottfried John (Niemeyer),
Matthias Fuchs (Knab), Armin Meier (Ernst), Kurt Raab, Peter Kern, Gustav
Holzapfel, Volker Spengler, Peter Chatel, Vitus Zeplichal, Y Sa Lo, Lilo Pempeit... |
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Viaje a la felicidad de Mamá Küsters fue el sexto
melodrama distanciado de Fassbinder y la brillante culminación de todas las
virtudes presentes en sus obras de la etapa 1971-1976: Una simpática mujer
madura, Emma Küsters, se queda viuda de repente. Su marido, que trabajaba en una
fábrica, reaccionó ante las negras perspectivas de despido matando a uno de sus
patrones y suicidándose después. El incidente promete ser un plato jugoso para
la prensa sensacionalista, tanto que no tarda en aparecer un joven reportero
oportunista que, aprovechando la confianza de Mamá Küsters tras haberse ganado
los favores de su hija Corina -joven atractiva que quiere hacer carrera como
cantante-, publica un reportaje donde exagera desproporcionadamente los hechos y
los detalles de la vida privada de la familia. Deprimida, solitaria y
desesperadamente necesitada de calor humano, Mamá Küsters se da cuenta de que
poco consuelo va a obtener de su apático hijo dominado por su quisquillosa y
egoísta esposa o de su hija Corina que, con tal de ascender como cantante,
aprueba todo lo que está ocurriendo (en una de las escenas su madre,
indignada y llorando, le dice que lea el brutal reportaje pero Corina, lejos de mostrarse
comprensiva, se alegra de ver su nombre y su foto a pie de página, donde hablan
de ella como futura promesa de la canción. Más adelante, en su debut y en
presencia de Mamá Küsters,
Corina accede a ser presentada como "la hija del asesino de
la fábrica",
constituyendo uno de los momentos más deliciosamente expresionistas de la
película). Así
las cosas, la viuda acepta de buen grado la amistad que le ofrece una pareja
de comunistas -el propietario de un periódico y su esposa-, los cuales prometen rehabilitar la reputación de su
marido. Agradecida, se afilia al Partido Comunista pero pronto se desengaña al
comprobar que quieren utilizarla básicamente para fines propagandísticos. Tras
esta decepción, la viuda deposita su confianza en Horst Knab, un joven
anarquista que parece más dado a emprender acciones eficaces. Aquél le dice
que lo acompañe junto a algunos camaradas
a la sede del periódico donde
trabaja el amante de Corina
para obligarles a realizar una rectificación.
Una vez allí, los anarquistas
toman el lugar, sacan las armas que llevaban ocultas y exigen la inmediata
puesta en libertad de todos los presos políticos de Alemania. Tres veces llega a
desplazarse la empática y genial cámara fassbinderiana desde un primer plano del
jefe del comando que habla por teléfono imponiendo sus condiciones hasta la
señora Küsters, cuyo rostro denota su abismal decepción ante todo lo que está
ocurriendo y ante la forma despiadada en que todos la han utilizado. Esa sola,
inquietante y devastadora imagen de la señora Küsters se revela más eficaz que
cualquier discurso abiertamente político sobre el tema. Cuando la cámara
emplaza por última vez a Mamá Küsters, unos rótulos sobreimpresionados nos
informan de forma muy original y novelesca lo que aconteció después: la mujer
caerá abatida por los disparos de la policía durante la posterior intervención
policial. |
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Además del final europeo, existe otro que Fassbinder rodó y que solo permitió que se viera en la
exhibición de su película en Norteamérica, según el cual el comando anarquista
que toma la sede del periódico se retira y Mamá Küsters entabla amistad con un
honrado conserje que, en lugar de adoctrinarla y utilizarla con fines egoístas,
le ofrece comprensión y una invitación a vivir su propio “cielo y tierra”. |
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Esta obra maestra causó una enorme polémica en Alemania por su
contenido político (hubo de ser retirada de la competición oficial en el
Festival de Berlín por amenazas), su crítica furibunda contra la prensa
sensacionalista, y una visión despiadada de la institución familiar.
Los críticos de izquierda la atacaron con especial ferocidad, muy disgustados
por la imagen provocativa y desencantada que de ellos hizo alguien considerado
como uno de los suyos. Fassbinder se defendió argumentando que "No se trata de
una película sobre los izquierdistas, sino sobre la vida en este país (...) ¡No
pude hacerla de otro modo!". Y es que ese
trayecto a la "felicidad" que realiza Mamá Küsters es un pesimista viaje a la
desilusión política y social que desenmascara la ausencia de solidaridad humana,
la discrepancia entre las teorías políticas y la práctica de la vida cotidiana,
o el egoísmo de las ideologías que se sirve de los problemas del individuo para
explotarlos a su conveniencia. A la hora de plasmar en la pantalla todas estas
cuestiones, Fassbinder se sirvió de una prodigiosa puesta en escena donde su
cámara se desplaza elegantemente por los estrechos interiores de la vivienda de
Mamá Küsters, recreando un estilizado y asfixiante universo donde -como siempre- los marcos de
las puertas, los tabiques y los espejos sirven para reforzar las diferencias que
separan y aíslan a unos personajes de otros, los conflictos y los intereses
personales que los enfrentan, o la soledad en que se sume la protagonista. |