Mujeres en Nueva York (Frauen in New York, 1977)

 
 
Director: Rainer Werner Fassbinder
Guión: Claire Booth, traducida por Nora Gray 
Fotografía: Michael Ballhaus (color, 16mm) 
Montaje: Wolfgang Kerhutt
Dirección artística: Rolf Glittenberg
Sonido: Horst Faahs
Producción: NDR
Coste: 320000 marcos
Duración del rodaje: 7 días (marzo 1977)
Duración: 111 minutos
Fecha de estreno: 21-6-1977, en ARD

"Mujeres en Nueva York"

 

Intérpretes: Christa Berndl (Mary, Mrs. Stephen Haines), Margit Carstensen (Sylvia, Mrs. Howard Fowler), Anne-Marie Kuster (Peggy, Mrs. John Day), Eva Mattes (Edith, Mrs. Phelps Potter), Angela Schmid (Nancy Blake/Princesa Tamara/Miss Trimmerback), Heide Grübl (Jane/Profesora de gimnasia/chica en el despacho), Doris Schade (Mrs. Wagstaff/Ingrid, la cocinera/primera gerente/Miss Watts, la secretaria/segunda chica), Irm Hermann (Olga, la manicura/Miriam), Gisela Uhlen (Mrs. Morehead/Condesa de Lage), Barbara Sukowa (Crystal Allen)...

 
 

En el Nueva York de los años treinta, un círculo de amigas ociosas y mundanas coinciden en fiestas, salones de moda, elegantes apartamentos, la peluquería y el gimnasio. Además de murmurar las unas de las otras, se dedican a hablar entre sí de sus maridos y sus amantes. Un día Sylvia cuenta a Mary Haynes que su marido Steven tiene una amante, Crystal Allen, fascinada por su cuenta corriente. Mary pide el divorcio y Crystal se convierte en la nueva señora Haynes, pero no tarda en echarse un nuevo amante. Un año después de su divorcio con Steven, Mary tomará la revancha y aprovechará una fiesta para poner en ridículo a Crystal delante de todas sus amigas.

 

Mujeres en Nueva York es la única producción teatral de Fassbinder preservada para la posteridad, pues se trata de la grabación para televisión de su último y aclamado montaje, utilizando para ello a las cuarenta actrices que participaron en él, el mismísimo escenario del Teatro Alemán de Hamburgo donde se representó y el texto original de Claire Booth. Además de filmar la obra en doce planos-secuencia moviendo la cámara con gran elegancia y seguridad, el maestro no se contentó con filmar simplemente el diálogo, sino que dio lugar a una serie de composiciones en las que a menudo el decorado ejercía una función dramática subrayada por la posición de las actrices. Así, en algunas ocasiones, las mujeres aparecen filmadas a través de una pecera o de una ventana, como si respectivamente se tratasen de peces que nadan encerrados entre paredes de cristal o de pájaros enjaulados. Otras veces, en mitad de sus eternos parloteos, la posición del encuadre las sitúa entre plantas gigantes y no podemos evitar imaginarlas como cotorras de un zoo. En definitiva, Frauen in New York constituye una obra fuertemente estilizada sobre una serie de mujeres atrapadas en una tela de araña (la vacua artificialidad de su mundo) que pueden cambiar su posición en la misma, pero que no tienen la más mínima intención de liberarse de ella.

 
 

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