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Fontane Effi Briest |
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Durante el siglo XIX, Effi Briest, una joven de diecisiete años, se casa con el Barón Von Instetten; ambos se trasladan a una casa, en el cual ella cree que habita un fantasma, situada en un pequeño pueblo aislado del Báltico. Pronto tendrá una hija y durante las continuas ausencias de su marido por negocios, empleará su tiempo cabalgando o en paseos por la playa con el Mayor Crampas. El Barón Instetten será ascendido como consejero ministerial y por dicho motivo se trasladan a Berlín, donde Effi descubre y disfruta de la vida social berlinesa. Seis años más tarde el Barón tiene acceso a las cartas que el Mayor Crampas había escrito a Effi durante su estadía en el pueblo del Báltico, convenciéndose de que ambos habían mantenido un "affair"; por dicho motivo se ve obligado a retar a Crampas y expulsar a Effi de su hogar. |
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Effi Briest, película número veintitrés de su autor es la historia de una sumisión, de lo acomodaticio de ciertas actitudes sociales y su difícil transgresión; las principales cuestiones que siempre ha reflejado el cine del genio alemán, soledad, incomunicación, la difícil relación y convivencia entre personas que se quieren, un intercambio continuo de tensiones, celos, envidias, egos difícilmente compatibles..., pero abordados de una forma más serena, estilizada por momentos, siendo incluso más complaciente con la resolución y desarrollo de su especial lenguaje narrativo, sin estridencias bruscas, desalentadoras, que no dan tregua al espectador en la mayoría de sus obras, en Effi Briest, Fassbinder deja al espectador que tome sus propias conclusiones de una forma más serena, sin agobiarlo, contando con su participación para que vaya asumiendo y en cierta medida completando lo que va sucediendo en la historia, por lo que dicho filme tiene de nuevo algo de excepcional y novedoso dentro de su extensa filmografía. |
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Effi Briest además está realizada con un virtuosismo sereno, nada estridente, muy estilizado, en lo que podríamos calificar como la película más "bella" y en cierta forma "convencional" de su realizador; afortunadamente Fassbinder no cae en el error de, al tratarse de una película de época, ambientada a finales del siglo XIX, filmar imágenes bellas pero vacías, gran error manifiesto en muchas producciones de éste género, pues sería desde luego una traición a su estilo ya más que definido, pues Fassbinder no recurre ni gusta usar recursos narrativos superfluos, gratuitos, que sólo sirvan de adorno, como si de una envoltura artística bella pero hueca se tratase, por lo que el uso de dichos recursos está plenamente justificado en cada una de sus secuencias, acentuando, exponiendo, mostrando, ocultando y acompañando el devenir y las ansiedades de su principal protagonista, Effi. |
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Magnífica, como siempre, dirección de actores, aunque debido a esas intenciones literarias que subyacen en todo el filme, sus personajes puedan parecernos por momentos "planos", consigue sin embargo extraer a sus protagonistas de todo lo que les atormenta, inquieta y desean, destacando a Hanna Schygulla como Effi Briest, una mujer que va aceptando poco a poco su degradación personal y social, por haber "desafiado" un matrimonio convencional marcado por intereses económicos y sociales, con una especie de amante circunstancial, que ni ella misma quiere o ve como tal, pero que consideraba necesario como opción a su triste y monótona vida, el derecho a tomar decisiones propias con tu vida, un derecho éste ciertamente arriesgado, muy peligroso para su más inmediato entorno, lleno de convencionalismos y represiones emotivas, aunque fuese un juego este en cierta forma ingenuo, inocente. |
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Filme maravillosamente "convencional", estilizado, un homenaje literario-cinematográfico de Fassbinder hacia una texto que le apasionaba y que refleja las hipocresía, moral y conductas que hoy en día nos pueden parecer absurdas de la burguesía alemana del siglo XIX. |
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Un fuerte abrazo para mi gemelito germánico, que espero se sienta satisfecho con mi aportación al homenaje de Herr Rainer, pues él es el experto; perdón entonces, por tan grande osadía. |
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Fernando da Galiza |
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