El matrimonio de Maria Braun (1978)

 
 
Consideraciones Previas
 

Quiero comenzar este post pidiendo disculpas por si mi visión de El matrimonio de María Braun puede resultar algo incompleta. Esta película forma parte de una trilogía sobre la historia alemana contemporánea que Fassbinder realizó en su última etapa, pero que tenía en mente desde el principio de su vida como director. En ella, intentó proporcionar al público lo que para él eran las claves de esta historia, los errores, los aciertos y su visión personal sobre el tema. Aparte de esta película, la trilogía la conforman Lola y La ansiedad de Verónica Voss. La primera no la he visto, y la segunda la tengo muy olvidada porque hace mucho tiempo que la , de modo que aparte de no tener una visión global de su obra porque me faltan muchas películas de su filmografía, tampoco gozo de la mejor posición para analizar esta película como parte de esa trilogía de la que hablo, así que he intentado centrarme en su valor como película individual. Tampoco he contado con textos de referencia, algo en lo que siempre intento apoyarme al realizar un encargo como este, porque la bibliografía sobre Fassbinder en castellano es, más que exigua, nula. Yo tengo un antiguo librito de Augusto Martínez Torres en el que, además de una pequeña biografía del cineasta y de un artículo de Fassbinder sobre Douglas Sirk, se reproducen tres artículos bastante generalistas sobre su obra y, entre ese libro y los numerosos post que Rafa nos ha regalado en este grupo, he intentado hacerme una idea de conjunto sobre la filmografía de Fassbinder para poder encarar mejor este mensaje. Recientemente, en La Feria del libro de Madrid, encontré una novedad editorial de Cátedra. Por fin habían publicado, dentro de su colección de cineastas, el libro dedicado a Fassbinder y escrito por Yann Lardeau. Como no tenía tiempo material para leerlo y no podía ya utilizarlo para entresacar alguna idea, decidí en cuanto lo tuve en mis manos, comprarlo para mandárselo al mayor seguidor mundial del director alemán, alguien a quien todos conocéis. Por supuesto, se lo dediqué, como le dedico esta pequeña reseña de El matrimonio de María Braun. Así pues, os pido, como digo, disculpas de antemano por si en algún aspecto estoy desacertado o me faltan datos importantes para desentrañar todas las claves de esta película, que por otra parte son muchas.

 
 
Sinopsis
 

El máximo logro consistiría en que una película de entretenimiento al mismo tiempo transmitiera, como al pasar, contenidos políticos (R.W.Fassbinder)

 

María se casa con Hermann Braun mientras los aliados bombardean la ciudad. Al día siguiente, su marido parte al frente ruso y al acabar la guerra se le da por muerto. María se prostituye en un club de soldados americanos para sobrevivir. Al tener la certeza de que su marido ha muerto, inicia una relación con Bill, un soldado americano del que se queda embarazada. Su marido vuelve de repente y, al encontrarles juntos en la cama, se inicia una pelea en la que María mata a Bill. Hermann se culpa de todo y va a la cárcel. María decide abortar. De nuevo separada de su marido, María empieza a trabajar con Oswald, un acomodado empresario que pronto se convierte en su amante. Informa de ello a su marido y le argumenta que esta actitud tiene como objetivo proporcionar un futuro a su matrimonio cuando él abandone la cárcel. Oswald, que se encuentra muy enfermo y sabe que le queda poco tiempo de vida, descubre que María está casada y va a visitar a Hermann a la cárcel donde le propone un trato a espaldas de ella: Si Hermann le cede a su esposa hasta que él muera, su fortuna personal irá a manos de la pareja. Hermann acepta y, cuando es liberado, se va a Canadá. Cuando Oswald muere, Hermann regresa a Alemania y se reencuentra con su esposa. El notario les lee el testamento de Oswald y ellos se disponen a vivir juntos por primera vez en todo su matrimonio. María enciende un cigarrillo en la cocina y se deja abierta la llave del gas. Mientras, en una radio se escucha la final del campeonato del mundo de fútbol entre Alemania y Hungría en el Wankdorf Stadium de Suiza. Es el año 1954. Han pasado 10 años desde la derrota alemana en la Segunda guerra mundial. Alemania gana el mundial. La casa vuela por los aires.

 
 
La película
 

Me parece que quien va al cine sabe en mayor o menor grado lo que le espera, de modo que puedo creerlo capaz de un cierto esfuerzo y puedo esperar también que le divierta ese esfuerzo. Uno no debería caer jamás en el facilismo frente al público, sino exigirlo y provocarlo constantemente (R.W.Fassbinder)

 

He de empezar diciendo que, para mí, esta es la mejor película de Fassbinder, la más redonda, la que mejor define su estilo, un estilo ecléctico por otro lado y surcado por numerosas influencias, pero que es en esta película donde realmente se atisba un Fassbinder propio, despojado de sus primeras referencias cinéfilas que le remiten tanto a la Nouvelle Vague como al cine negro estadounidense filtrados por su conciencia política y, aún a pesar de no haber visto gran parte de su obra, sobre todo los primeros trabajos, y por lo tanto no estar en disposición de afirmarlo, sí creo que es en esta película donde se produce su catarsis como cineasta, donde logra encontrar por fin el punto medio entre sus influencias y su propia personalidad como autor. A pesar de esto, como en todo su cine, las referencias a otros directores es constante. El contar con un equipo de rodaje casi fijo le proporciona un control sobre todos los elementos técnicos que le confieren su auténtica condición de autor, a la manera de la Nouvelle Vague, pero sin recordarnos en este caso a las precariedades de su etapa inicial, ya que al contar también con un presupuesto mucho más holgado le permite acercarse a otros parámetros estéticos, más cercanos al cine industrial de Hollywood, en los cuales puede jugar con la profundidad de campo, con una composición más dinámica de los encuadres, realizar travellings complicados o imposibles de hacer con la luz natural que utilizaba en sus primeras películas y cuidar estos encuadres de los que hablo cerrándolos constantemente, oprimiendo a los personajes de cada escena, y homenajeando también a su querido Sirk con la utilización de espejos. El matrimonio de María Braun comienza con una boda bajo las bombas enemigas, el mismo punto donde termina Tiempo de amar, tiempo de morir la película de Douglas Sirk, lo cual es toda una declaración de intenciones, al menos en cuanto a la forma, porque allí donde Sirk remarca que sin la guerra no habría amor, y que este es necesario para sobrevivir a ella, Fassbinder, sin embargo, se centra en su idea de que el propio amor es otra guerra paralela y que el mal triunfa sin remedio frente al amor. Fassbinder remite evidentemente al melodrama clásico de Hollywood, tanto en su guión como en la puesta en escena. A pesar de cuidarla, Fassbinder no puede olvidar sus orígenes teatrales y se centra más en su fantástica dirección de actores que en otra cosa. En este sentido, el personaje de María se acerca mucho a una réplica de la Marlene Dietrich fría, dura y calculadora que creó el gran Sternberg, otro de sus ídolos y referentes claros. La composición de las escenas dividiendo los encuadres con un "8-4-2" algo voluble, puesto que hay momentos en los que utiliza hasta la cámara al hombro cuando cree que hay que narrar de forma más documental como en la estación de tren, pero en la que los diálogos llevan la voz cantante de la acción y el montaje del plano se supedita a ellos, nos remite también al modelo clásico de Hollywood, pues es una fórmula habitual en directores como Raoul Walsh. Cuando retoma su estilo teatral y fuerza las interpretaciones de los actores, algunas escenas salen perjudicadas para mi gusto.

 

Bajo la apariencia de un melodrama, Fassbinder logra insertar en El matrimonio de María Braun todo el trasfondo social y político de la Alemania de posguerra. En ella refleja todos sus conocimientos de la historia contemporánea alemana y da un claro golpe de mano para que el público (fundamentalmente el alemán) adquiera una verdadera toma de conciencia política. Hay una escena vital en El matrimonio de María Braun que condiciona todo el enfoque de la película desde el punto de vista del director. En esta escena, María acude a un estraperlista con el objetivo de comprar un vestido con el que poder conseguir un trabajo en un club. Él le da a elegir con el dinero que tiene entre un vestido de lentejuelas y las obras completas de Kleist (autor alemán del siglo XIX quien, al no ver reconocida su obra, se suicidó junto a su amante). María elige el vestido y el estraperlista sólo dice: "Quizá sea mejor en estos tiempos", pero únicamente se limita a sonreír y a besarle la mano, deseándola suerte con su decisión, alentándola a que luche por su superviviencia, comprensivo, pero evidentemente en contra de esta elección. El estraperlista es el único personaje de la película interpretado por el propio Fassbinder. A partir de ese momento, el director ya nos ha proporcionado una clara declaración de sus principios, de sus ideales. Él nos está contando en su película la verdad de lo que pasó, la realidad, pero es una realidad con la que no comulga, con la que es muy crítico. Negar a Kleist es negar su cultura, olvidarse de todos sus valores para dejarse acorralar por el sueño americano. Fassbinder decora el club donde va a trabajar María con la bandera americana, con carteles de Marylin, con música americana de la época, con todos los símbolos de una cultura que les es ajena y a la que están sometiéndose, vendiéndose, prostituyéndose, entre otras cosas por medio del Plan Marshall. Este punto de vista crítico, Fassbinder lo refuerza con las fotografías que inserta al principio y al final de la película. Al comienzo, un retrato de Hitler nos sitúa frente al culpable de todo lo que le está pasando al país, el verdadero demonio que ha provocado que su pueblo se vea obligado a realizar un esfuerzo supremo para sobrevivir. Al final, una serie de retratos de los cancilleres alemanes que gobernaron posteriormente a la II Guerra mundial, desde Adenauer (en cuyo mandato se centra toda la película y que se caracterizó por un anticomunismo feroz y una clara búsqueda de situar a Alemania dentro de las pautas del mercado libre) hasta Schmidt, pasando por un Kiesinger en negativo, nos indica que a ellos los considera responsables de que el país, pese a su superación económica, siga sin tener una auténtica identidad como nación, que sus habitantes no hayan podido superar el trauma fascista y que, en cierta forma, hayan vendido su alma al diablo (algo que luego remarca la propia película) para conseguir un renacimiento económico e industrial.

 

El personaje de María es una gran metáfora de la Alemania de la posguerra, de aquella Alemania que enterró profunda y conscientemente todo lo que pasó para seguir adelante, para centrarse en su recuperación económica sin detenerse a reflexionar sobre su pasado, sin reparar en que, actuando de esta forma, evitaban enfrentarse al fantasma del monstruo fascista que habían creado, a las causas reales que lo habían originado, con el peligro que para cualquier pueblo supone no aprender de sus errores, la única manera que existe para evitar que estos vuelvan a repetirse. De nada sirve que lo que ahora se conoce como el estado del bienestar prospere si las personas están irremisiblemente condenadas por su pasado, destruidos como individuos, obligados a vender su alma e hipotecar su amor si quieren hacerse un hueco en esta nueva sociedad en la que la situación económica lo es todo ("La verdad está en el estómago" dice María) Toda la trilogía sobre la reconstrucción alemana tiene en su título un nombre de mujer, desde la película que nos ocupa a Lola y La ansiedad de Verónica Voss. Fassbinder subraya de esta forma que la mujer es la verdadera protagonista de la posguerra, la que lleva el peso de la nación. Ellas van una y otra vez a buscar a sus maridos a la estación de tren esperanzadas con su vuelta, pero al hacerse real su pérdida toman las riendas con firmeza, como María. Los hombres que han sobrevivido están destruidos por la guerra y transitan por la vida como fantasmas (como Hermann, el marido de María) como seres incapaces de superar lo ocurrido (el médico que le practica el aborto dice que es "Demasiado viejo para vivir y demasiado joven para morir" y está enganchado a las drogas, además de ser una clara referencia al propio padre de Fassbinder, que fue apartado de esta profesión por alcohólico) o como rehabilitados que intentan desarrollar sus ideales pero no tienen las fuerzas necesarias (su cuñado). La guerra ha acabado con todos ellos y las mujeres han de tomar el mando, sobreponiéndose al desolador panorama que les rodea. Fassbinder se recrea en él, mostrándonos este paisaje lleno de escombros, de lisiados, de desesperación y de hambre, de angustia por conseguir una simple colilla. A pesar de esto, curiosamente, el destino final de María lo tiene su marido, Herman, quien gracias a su pacto con el empresario es el causante de que la pareja herede toda la fortuna de este. Esta especie de pacto con el diablo, con clarísimas reminiscencias a Fausto, compone una situación en la que María, pese a haber decidido por sí misma prostituirse primero y convertirse en amante de Oswald después para conseguir la independencia económica ("Me he hecho a mí misma, y eso me gusta" proclama) se da cuenta al final de que ha sido su propio marido quien ha ejercido de chulo con ella. El final de la película, con la explosión la casa a causa del escape de gas, es punto de discusión para algunos críticos. Unos opinan que es un suicidio voluntario de María causado por haberse visto literalmente destruida en esa ascensión a la cumbre. Por fin ha conseguido su propósito, se ha ganado un puesto en la alta burguesía, ha podido reunirse con su marido y parece que a partir de ese momento todo va a ir bien, pero no puede perdonarse los métodos empleados y decide poner fin a la farsa, entre otras cosas porque se da cuenta de que su matrimonio es ficticio. Otros opinan que el final de Fassbinder está en el aire, que no es un final cerrado, que no se les ve realmente morir y por lo tanto el espectador puede decidir tomar la última palabra, pero yo particularmente tengo otra opinión. Fassbinder nos está diciendo mediante esta explosión, en la que mueren no sólo María y Hermann, sino también toda Alemania, que el diablo ha venido a cobrarse sus deudas por haber actuado mal, por haberse dejado tentar por él, por haberse vendido al imperialismo de la sociedad de consumo renunciando a todos los ideales del pueblo alemán, a su propio idioma (María consigue trabajo gracias a que sabe hablar inglés), a su cultura (Kleist) y a no enfrentarse al pasado intentando mirar al futuro de una manera ciertamente hipócrita. Esta es mi lectura. La explosión se nos cuenta como si fuera un accidente, pero el director nos ha remarcado antes con un primer plano de la llave del gas lo que podía pasar, como presagiando el inevitable destino, y cuando María vuelve a encender otro cigarro, el notario ya les ha leído el testamento, ya se ha consumado su pacto con el Diablo, y deben pagar por ello. Por tanto, no es un final abierto, es un final totalmente cerrado con una alegoría clara al pueblo alemán, y más concretamente a la burguesía alemana, a la que Fassbinder atacó con saña una película tras otra y culpaba de la imposibilidad del ser humano para amar y ser libre.

 

Pese a todo, Fassbinder es optimista con su pueblo, y nos lo comunica con la retransmisión del partido de fútbol. Aparte de subrayar de esta forma la época que se está narrando en la película y darnos la fecha exacta del final de la historia (1954) nos está diciendo, de forma claramente irónica, que Alemania es capaz también de situarse a la cabeza del mundo jugando limpio, basándose únicamente en su espíritu. El fútbol es un deporte que Fassbinder apreciaba mucho. En cierta medida, representa sus ideales políticos, todo el mundo parte en igualdad de condiciones, todos los jugadores son piezas esenciales del equipo y únicamente su fuerza y determinación, aparte de su valía como deportista individual pueden llevarles al éxito. En el fútbol el azar es importante, pero a la larga el que gana es el mejor equipo, el que más ha trabajado colectivamente. Fassbinder cree que Alemania cuenta con muy buenos jugadores pero le falta espíritu de equipo en lo que se refiere a su sociedad, y lo mismo que se ha conseguido prostituyéndose individualmente al enemigo se hubiera podido conseguir, y de hecho se consigue, a través del deporte, actuando todos como una piña alrededor de una idea, de forma limpia, sin trampas, encarando con humildad el pasado, confiando en el futuro y construyéndolo a base de esfuerzo y superación, exactamente igual que un equipo de fútbol, pero sin tener que renunciar a sus referentes históricos ni a su cultura, porque entonces están perdidos como nación. Si actúan de esta forma están condenados a la catástrofe, a volar por los aires como la casa de María.

 

Jorge Pascual

 
 

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