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Las amargas lágrimas de Petra von Kant |
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(Die bitteren Tränen der Petra von Kant, 1972) |
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| Dirección y guión:
Rainer Werner Fassbinder, según su obra teatral |
| Fotografía: Michael
Ballhaus (Color, 35 mm) |
| Montaje: Thea Eymèsz |
| Música:
Temas musicales de Giuseppe Verdi, The Platters y The Walker Brothers |
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Dirección artística: Kurt Raab |
| Sonido: Gunther Kortwich |
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Producción: Tango Film, München |
| Coste:
325000 marcos |
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Duración del rodaje: 10 días (enero 1972) |
| Duración:
119 minutos |
| Fecha de estreno: 25-6-1972, en el Festival de Berlin |
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Dedicada "a quien aquí se convirtió en Marlene" |
| Subtítulo de la
película: Un caso de enfermedad |
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Intérpretes: Margit
Carstensen (Petra von Kant), Hanna Schygulla (Karin Thimm), Irm Hermann
(Marlene), Eva Mattes (Gabriele von Kant), Katrin Schaake (Sidonie von Grasenabb),
Gisela Fackeldey (Valerie von Kant) |
| Premios y nominaciones: |
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- Festival de
Berlín: Nominada al
Oso de Oro como Mejor Película |
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- Bundesfilmpreis
(Premios del Film Alemán): Premio a la Mejor Actriz otorgado a Margit Carstensen;
Premio
a la Mejor Fotografía |
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Las
amargas lágrimas de Petra von Kant
es una película
claustrofóbica, un
fascinante y modélico
Kammerspiel rodado con minuciosa precisión que se desarrolla por
completo en la vivienda-estudio de la diseñadora de modas Petra von Kant,
recientemente separada
de su marido y que vive con su secretaria-esclava
Marlene (personaje simbólicamente mudo).
Cuando su amiga y confidente Sidonie le presenta a Karin, una joven de origen
humilde, se enamora
locamente de ella y le
promete que va a convertirla en una famosa modelo. Sin embargo, la bella aspirante la abandona
poco tiempo después para reunirse con su marido, que se encontraba
en otro país y ahora vuelve a Frankfurt. Petra cae
entonces en una profunda depresión
que la hace estallar de rabia delante de su hija, su madre y
Sidonie. Cuando hacia el final reconoce que "Yo no he amado a Karin, sólo he
querido poseerla",
ofrece entonces a su secretaria-esclava unas nuevas
relaciones no basadas en el
servilismo y la dominación, pero Marlene hace su maleta y se marcha. |
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Fassbinder utiliza esta
historia de amor lésbico y los seis personajes femeninos presentes en ella para
equiparar las esferas del poder y la opresión sexual a la opresión en la
sociedad capitalista. La dominación sexual y la explotación económica se funden
por tanto en una trama en la que el hombre también está presente a través del
gran mural con desnudos masculinos que preside la vivienda de Petra y que
adquiere -al igual que los maniquíes de la modista- una implacable función
dramática a lo largo de todo el film. Junto a las retorcidas poses de las
actrices, el movimiento empático de la cámara hará
el resto en ese agobiante espacio cerrado por medio de manieristas y
artificiosos zooms, enfoques en picado y primeros planos a través de los cuales
el director consigue -sirviéndose, además, del
estrafalario e incómodo vestuario y de sus antológicos efectos de
encarcelamiento mediante las barras de hierro de la cama de Petra o las sombras
horizontales que producen las persianas-
representar la alienación
absoluta de aquéllos, haciendo que el espectador se sitúe en un lugar
privilegiado para observar la distancia terrorífica existente entre lo que
Thomas Elsaesser denomina "la puesta en escena subjetiva de los personajes" y
"la puesta en escena objetiva de la cámara". |
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Detrás de la lectura de esta
obra fundamental del cine
fassbinderiano
encontramos ocultos un buen número de elementos autobiográficos del
director. El actor y ayudante de dirección Harry Baer dice al respecto: "Es muy complicado descubrir su secreto y
puntos de referencia. Está claro que él es Petra; Karin, la belleza de
origen humilde que goza del lujo
conquistado gracias a la diseñadora pero
que al final vuelve con su marido, es
el actor
Gunther Kaufmann, el cual no quería
abandonar a su mujer
por Rainer. Todas las caricias intercambiadas por las dos mujeres
en la película son una proyección de aquella amistad masculina insatisfecha.
Eso se nota hasta en los diálogos, que he oído casi con las mismas palabras
entre
ellos dos. Irm Hermann en su papel de secretaria esclava parece
encarnarse a
ella
misma.
Por último
Gabriele,
la hija, tiene bastante de mí mismo y la
protección paternal que
siempre he buscado en
Rainer".
Del mismo modo, algunas situaciones de la película se hacen eco de los halagos que
Fassbinder utilizaba para atraer y mantener dentro de su órbita a aquellas
personas que
le interesaban. Ello terminaba por desencadenarle
angustiosas dudas
de si estaban con él por amistad/amor o por puro interés.
Tomemos como ejemplo
el siguiente
diálogo: |
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PETRA: Me pones enferma. Nunca sé cuál es la verdadera razón por la que
estás conmigo, si es porque tengo dinero y te doy oportunidades o porque...
porque me quieres.
KARIN: Naturalmente, porque te quiero, ¡mierda!
PETRA: ¡Bueno, ya basta! No hay quien pueda soportar tanta incertidumbre por
mucho tiempo.
KARIN:
Si no me crees...
PETRA: ¿A qué viene lo de creer? No tiene nada que ver con eso. No tengo
manera de saberlo, de verdad que no lo sé, y eso me pone enferma.
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La conversación es interrumpida por la sirvienta Marlene, que trae un
periódico en el que aparece un artículo sobre la colección de invierno de
Petra junto
a una foto de Karin de la que ésta queda muy complacida, pues
es la primera vez que ve
su imagen en un diario. Entonces abraza a Petra (momentos
antes le había confesado que había pasado la noche con un hombre), la besa y
le dice que la ama lo cual
-lejos
de proporcionar seguridad a la diseñadora-
acrecienta su temor de estar siendo utilizada. Fassbinder, como Petra,
alentaba a sus protegidos/as a exhibirse ante un público numeroso pero por
más agradecidos que aquéllos se sintieran hacia él era amor y no gratitud
lo que Rainer deseaba.
Preocupado por mantener a la gente en una posición de
dependencia, Rainer caía constantemente en la trampa de dar hasta el exceso
a aquellos que amaba y pedir al mismo tiempo que se le amara por lo que era
y no por lo que entregaba a cambio. Películas como
Petra von Kant le
brindaban la oportunidad de recalcar lo ilógico de esa situación pero, en la
práctica, no podía evitar ser materialmente generoso, hacer regalo tras
regalo (coches, viajes a Africa o Grecia), promesa tras promesa (papeles
protagonistas, puestos técnicos, producir proyectos televisivos o
cinematográficos), comprar amistad y amor en definitiva.
Es así como muchos
personajes
suyos se lamentan del precio que les cuesta amar y ser amados (Petra a su
madre: "¿Sabes lo que eres, mamá? Una puta. Primero te dejaste mantener por
papá y luego por mí"; Fox, el protagonista de
La ley del más fuerte,
cuando hacia el final se insinúa a dos soldados en un bar y éstos le
preguntan que cuánto va
a pagar, rompe a llorar y se lamenta
gritando
"¡Pagar, siempre pagar!"; o María Braun en
El matrimonio de Maria Braun
cuando da una propina a un transportista dice "Prefiero pagar a tener que agradecer
nada"). |
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Dividida en cinco partes marcadas por
fundidos en negro donde el decorado único cambia otras tantas veces de
apariencia para dotar de nuevos elementos de lectura al comportamiento de la
protagonista, Las amargas lágrimas de Petra von Kant recrea un mundo en
el que se desarrollan las emociones y necesidades humanas y donde el drama no
nace de las relaciones que se establecen entre los caracteres, sino de las
tensiones generadas por el afán de posesión. Junto con
Martha,
Nora Helmer y
Effi Briest
forma una especie de tetralogía de la liberación de la mujer en negativo, al mostrar
tal liberación como un simple intercambio de los papeles de poder y no desde la perspectiva de la abolición de las relaciones de autoridad entre los miembros de una pareja. |
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