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V. Del teatro al cine |
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“Rodé mi primera
película, El amor es más frío que la muerte, en una situación en la que todos
pensaban o tenían la impresión de que este joven cine alemán era una mierda y de
que todo lo que vendría después también sería una mierda. Y entonces pensaron de
repente que existía una posibilidad, que había alguien que hacía teatro,
escribía y también hacía películas. Y en cuestión de medio año se estrenaron
cuatro películas mías, lo cual les pareció fantástico. Quiero decir que dos o
tres años después, cuando este joven cine alemán volvió a empezar y hubo más
gente que trabajaba y producía, todo habría sido diferente. Sólo fue especial en
las circunstancias en que yo empecé: entonces cayó como una bomba.”
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R. W. Fassbinder |
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En el mes de abril de 1969, Rainer Werner Fassbinder rodó su primer largo:
El amor es más frío que la
muerte, premonitorio titulo que no sólo puede equipararse a su vida personal
sino que también anuncia y resume implacablemente la temática de su obra
cinematográfica. |
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Fassbinder sabía que tarde o
temprano acabaría haciendo cine, puesto que era lo que verdaderamente le
interesaba. Así que él y Peer Raben se impusieron la misión de conseguir cien
mil marcos para financiar un largometraje donde aparecerían todos los miembros
del Antiteater. Fue Raben el que se ocupó de cobrar obligatoriamente un impuesto
del 50% sobre las ganancias de cada miembro del grupo y reservar esos fondos
para la realización del film. No hubo ningún problema al respecto: nadie
discutió la decisión o preguntó quién la había tomado. Más o menos entre todos
fundaron la productora denominada Antiteater-X-Film, que estaría operativa hasta
finales de 1970. Por su parte, Fassbinder también aportó lo suyo, ya que la
notoriedad que poco a poco fue adquiriendo gracias al Antiteater llamó la
atención de directores como Jean Marie Straub o Schlondorff, que le permitieron
aparecer como actor de reparto en sus películas. El trío protagonista estaba
compuesto por Fassbinder, Hanna Schygulla y un actor ya consagrado en Alemania
por aquel entonces, Ulli Lommel. Muy influida por el cine de Godard y las
películas norteamericanas de gangsters, El amor es más frío que
la muerte narra la historia de Franz, un joven con antecedentes penales que
desea mantener su independencia con respecto al Sindicato del Crimen, pero la
organización no está de acuerdo con su decisión y envía a Bruno para seguirle
los pasos. Entre Franz y él surgirá una gran amistad que Hanna, la novia
prostituta del primero, acabará traicionando. Desde este
primer largometraje hasta su obra póstuma
Querelle (1982), el cine de Rainer Werner Fassbinder se adentrará
inexorablemente en los fantasmas helados de la crueldad, el desengaño, las
infidelidades, el desasosiego, la traición, el vagabundeo, los súbitos anhelos
devastadores del alma y, en definitiva, en las pasiones humanas llevadas al
límite, a un exceso nunca gratuito sino efectivo (que no efectista)
y en muchos casos suicida. Del mismo modo, con El amor es más frío que la
muerte (nominada al Oso de Oro a la Mejor Película, a pesar del disgusto y del
rechazo de la crítica "oficialista") se inicia una de las filmografías más
personales, libres y apasionantes de la historia del cine europeo sobre la que
su autor ejercerá un control absoluto: además de escribir los guiones de la
práctica totalidad de sus films (con la excepción relativa de Despair),
Fassbinder participará en el montaje de una gran parte de ellos (a solas o junto
a sus editores habituales) e incluso en ocasiones se hará cargo de la fotografía
y la dirección artística. |
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En agosto de ese año,
el joven director -moviéndose siempre hasta mediados de los setenta entre
presupuestos bastante modestos- se enfrascó en el
rodaje de su segunda película, Katzelmatcher, una versión de
la obra escrita por él para el Antiteatro donde asistimos a las tensas
relaciones que presiden la vida de unos aburridos jóvenes residentes en un
suburbio muniqués, los cuales volcarán sus odios y frustraciones sobre un
inmigrante griego que acaba de alquilar una habitación en un piso del lugar. Estrenada en octubre,
además de convertirse en todo un referente para los cineastas del Nuevo Cine
Alemán, constituyó un éxito de crítica (que resaltó la ya mítica rigidez y frialdad escenográfica y actoral del
realizador alemán, calificada por algunos como “estatuaria”) y obtuvo 650000
marcos en premios (tuvo un coste original de 80000), dinero que supuso para
Fassbinder la oportunidad de seguir haciendo una película tras otra (ese año
rodaría aún dos más: Los dioses de la peste en noviembre -historia de un
criminal que tras salir de la cárcel busca la manera de volver al hampa de
Munich-, y ¿Por qué le da el ataque de locura al señor R?, película sin un
guión propiamente dicho, basada en la improvisación y rodada a base de
planos-secuencia de larga duración que muestra la vida cotidiana de un hombre
normal y corriente al que un día, harto ya de su rutinaria vida burguesa, mata a
su esposa, su hijo y su vecina, suicidándose después). Dos años más tarde, en
1971, Katzelmatcher volvió a proporcionarle otros 300000 marcos en concepto de
subvención estatal, los cuales reinvirtió en más películas de modesto
presupuesto. |
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Según Harry Baer, actor y ayudante de dirección de Rainer desde el
comienzo, “los temas que desarrolla a este ritmo surgen de su interior:
pesadillas de infancia y juventud sobre la falta de motivación, la soledad, el
temor al contacto con los demás, mezcladas con imágenes de la serie negra, toda
clase de películas de serie B americanas y francesas y otros mamarrachos de la
UFA. El cine como sustituto de la vida, un miedo a la vida, inmediatamente
sofocado por nuevas imágenes de cine (...) Todo era producto de una nostalgia
incontenible e ingenua y de una tristeza que no puede mitigar el alcohol. Y el
hecho de que exista algo así, de que haya alguien que se atreva a expresarlo,
desconcierta incluso a los forjadores de opinión”. Movido por consideraciones
distintas de las puramente artísticas, Fassbinder no estaba tan interesado en
realizar las mejores películas que su capacidad le permitiera como en sumergirse
en una corriente de incesante y placentera actividad rodeado por la gente que
quería. En estas primeras obras cinematográficas invirtió una buena dosis de
energía en aparentar ser más conocedor y experto de lo que en realidad era,
considerando que como director no podía permitirse reconocer un error. Michael
Fengler explica que juntos vieron cientos de películas y que solían acudir a un
instituto donde tenían la oportunidad de experimentar con una moviola y así
analizar películas tales como Ocho y medio de Fellini. |
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Aunque nunca excediera los
límites de lo puramente profesional pues ella siempre se mantuvo al margen de
los excesos de Rainer, la estrecha relación que mantenía con Hanna Schygulla le
supuso una gran ventaja, pues parte de su obra teatral y cinematográfica
fue creada en torno a la mencionada actriz (la cual intervino en diecinueve
películas de las cuarenta y una que componen su obra). Ulli Lommel se percató
inmediatamente de la extraordinaria relación laboral que Fassbinder había
entablado con ella: “Sin duda, están unidos por una corriente muy intensa. Ya en
los ensayos se advierte que se comprenden casi sin necesidad de hablar. Puede
ocurrir perfectamente que Fassbinder hojee un libro o mire por una ventana y,
con sólo eso, Hanna sepa ya lo que quiere de ella”. El éxito de Rainer en
relación al resto del grupo se debía principalmente a su talento para generar
tensión erótica y para imponerse mediante la agresividad: “Rainer resolvía
muchos problemas haciendo uso del terror”, dice Lommel, “y aquella tensión que
se daba entre los componentes del grupo era como una droga”. Prácticamente se
sirvió de la mayoría de ellos hasta su muerte. Así, aprovechó los conocimientos
musicales de Peer Raben para convertirlo en compositor de la música de todas sus
películas (algo que a Raben nunca se le pasó por la cabeza); Kurt Raab fue uno
de sus actores más habituales, además de amante, ayudante personal, ayudante de
producción y sobre todo un excelente director artístico; Michael Fengler
y Peter Berling fueron asiduos productores de sus sus obras; por su parte Harry Baer, además de actor protagonista o
secundario, fue como se ha mencionado ayudante de dirección. En cuanto a los
actores y actrices que desfilaron con frecuencia en sus películas podemos citar
a Margit Carstensen, Irm Hermann, Ingrid Caven, Brigitte Mira, Karl-Heinz Böhm,
Gottfried John, Klaus Löwitsch, Ivan Desny, Volker Spengler, Adrian Hoven,
Barbara Valentin, Ulli Lommel, Karl Scheydt, Hark Bohm, Günter Lamprecht,
Alexander Allerson, Elisabeth Trissenaar o Günther Kaufmann. Finalmente trabajó
de forma casi exclusiva con tres directores de fotografía: Dietrich Lohmann,
Michael Ballhaus y Xaver Schwarzenberger, todos ellos capaces de interpretar con
acierto los detallados dibujos que Rainer hacía al comienzo de cada día de
rodaje, indicando la composición de cada plano. |
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El año 1970 fue para Fassbinder
y su grupo aún más intenso que 1969, pues dirigió nada menos que siete
películas, tres destinadas a la gran pantalla (Whity, un western rodado en Almería que
por sus caóticas condiciones de rodaje merece que le dediquemos un capítulo
aparte; El soldado americano, adaptación del original de Fassbinder estrenado
en el Antiteater, historia de un norteamericano de origen alemán que ha
combatido en Vietnam y que al instalarse en Munich lo contratan para cometer una
serie de asesinatos; y Atención a esa prostituta tan querida, obra que pondría punto y final a la productora Antiteater-X-Film,
un
film
que a modo de autoanálisis resumía y cerraba la primera
parte de su filmografía y que partiendo
de la
historia del rodaje de Whity en Almería ofrecía su visión
particular sobre las relaciones de convivencia existentes en el seno de su
troupe: cuenta la historia de los integrantes
del elenco y el equipo técnico de una película alojados en un viejo hotel de Sorrento, donde aguardan la llegada del director.
Una vez allí, éste encontrará una situación
caótica que le obligará a superar enormes dificultades antes de comenzar la
filmación) y cuatro producidas para la televisión (Rio das mortes, donde un
veterano de guerra y su amigo de la escuela deciden hacer realidad un sueño de
su infancia: la búsqueda de un tesoro en Perú; El café, rodada en video, es
una adaptación para televisión de la obra de Goldoni; El viaje a Niklashausen, historia de un reformador religioso del siglo XVI
que lucha junto a
un revolucionario miembro del movimiento Black Panther del
siglo XX; y
Pioneros en Ingolstad, que se centra en los amoríos que una serie de muchachas
mantienen con una tropa de soldados asentada en una pequeña ciudad). |
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Cuando algún periodista le
pedía que revelara el secreto de tan pasmosa velocidad a la hora de dirigir, su
respuesta siempre era la misma: “Tengo mucha confianza en mí mismo”. Kurt Raab
afirma que ese año “Fassbinder estaba intoxicado de ideas fílmicas y su
realización. Apenas terminaba con una, comenzaba a preparar la siguiente; apenas
aquélla llegaba a la sala de exhibición, ésta ya estaba casi terminada. Nos
contagiaba su obsesión. Trabajábamos sin cesar. Nos aburríamos cuando no
trabajábamos, cada descanso duraba una eternidad. Por eso detestábamos los días
francos... y en cuanto a los domingos, simplemente decretamos su inexistencia”.
Por su parte, dice Harry Baer: “Para mí la cuestión es evidente. Aquel año
Rainer estaba en plena embriaguez de producción y lo arrollaba todo. Nosotros
dependíamos de él. Fabricaba guiones como una gallina ponedora y rodaba una
película tras otra. No creo que, salvo Napoleón -quien podía funcionar con sólo
tres horas de sueño y hacer tres cosas diferentes al mismo tiempo- haya habido
en este mundo un loco como él”. A veces llegaba a rodar durante dieciséis horas
seguidas, pero el agotamiento no siempre resultaba perjudicial para el clímax
emocional que pretendía alcanzar. A lo largo de los trece años que dedicó a la
realización cinematográfica, solía rodar las secuencias con poco ensayo y una o
dos tomas como máximo. Una de las ventajas de estar trabajando continuamente con
los mismos técnicos y actores era que la familiaridad de éstos con sus métodos
aceleraba notablemente la consecución de resultados satisfactorios. Así, los
actores allegados a él se acostumbraron a su despotismo y sus provocaciones
porque así los desinhibía a la hora de actuar, exprimiéndolos hasta sacar de
ellos lo que perseguía. Como director, brillaba más que nunca cuando ejercía
sus dotes de manipulador del estado de ánimo de los demás. A la vez, era capaz
de establecer una relación casi íntima con todo el equipo de rodaje. A veces
llegaba a interrumpir el trabajo para hacer que le trajeran una cerveza a un
electricista que en aquel momento tuviera sed, lo que no quita que la
emprendiera de vez en cuando con algún indefenso miembro del equipo técnico
maltratándolo o abrumándolo de la forma mas brutal para conseguir lo que quería.
Lo atractivo de su personalidad residía en lo imprevisible de su conducta.
Thomas Schülly, productor de La ansiedad de Veronika Voss (1981), declaraba al
respecto: “Todos los miembros de mi equipo le apreciaban enormemente y eran
capaces de trabajar con él durante veinticuatro horas seguidas. Cuando
iniciábamos un rodaje, era como una explosión que duraba tres o cuatro semanas”. |
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Durante el año tan
productivo que nos ocupa, 1970, nació una historia de amor: en octubre de 1969, Rainer conoció al actor de color Günter Kaufmann durante el rodaje de una
película de Volker Schlöndorff en la que también participaba: Baal. Desde
entonces, Fassbinder sufrió mucho por no poderlo conquistar y someter a su
manera, ya que era casado y padre de dos hijos. Según Kurt Raab, “probablemente
quería mucho a Rainer, se entregaba regularmente a él, pero nunca le juró amor
eterno como él quería”. Nadie sabía del nuevo amor del director alemán hasta que
hizo un papel en Dioses de la peste. Kurt recuerda la conmoción que produjo la
llegada del actor negro: “A todos nos atraía su hermoso cuerpo, su cálida
sensualidad y su natural amabilidad, que podía volverse brutal si se sentía
ofendido. Todos deseaban al tipo y nadie lo ocultaba. En una escena él debía
mostrar una herida de bala con mucha sangre. Me pidieron que lo maquillara.
Acepté de buen grado porque era mi oportunidad para acariciarlo, y lo maquillé
lentamente, con gran detalle. Fassbinder me miraba suspicaz y por fin gritó:
“¡Basta de jugar con el cuerpo de Günther!”.
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Günther había reemplazado a
Harry Baer, quien había reemplazado a Kurt Raab, quien había reemplazado al
tandem Peer Raben-Ursula Strätz, y mientras la pobre Irm aguantando el tirón.
Kaufmann significaba todo para Rainer, pero no era hombre agradecido.
Aparentemente el actor negro fue el primer y único astro de la constelación de
Fassbinder que supo utilizar el amor no correspondido. Dice Raab: “La
prosperidad entró en la vida de Kaufmann. La esposa y los hijos tenían de todo.
Todos sus deseos, fueran expresados o simplemente leídos en su mirada, eran
satisfechos”. Sin embargo, Günther pretextaba los supuestos requerimientos de su
mujer para no estar a disposición de Rainer con la frecuencia que éste deseaba.
Por eso, cuando recibió una oferta para filmar en España, Fassbinder consideró
que era su oportunidad para acaparar al coloso y de inmediato escribió el guión
de un cripto-western con angustias existenciales y atmósfera de terror. La
película se llamaría Whity y Günther sería el protagonista. |
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