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El vagabundo (Der Stadtstreicher, 1966) |
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Intérpretes: Christoph Roser (vagabundo), Susanne Schimkus (camarera), Michael Fengler y Thomas Fengler (los dos hombres), Irm Hermann (mujer), Rainer Werner Fassbinder (joven con chaqueta de cuero) |
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Un vagabundo deambula por las calles de Munich. En una de ellas, encuentra una pistola tirada en el suelo. Con total naturalidad, la recoge y la mete en su maletín. Intenta deshacerse de ella en un parque, pero una camarera la recoge del contenedor de basuras y se la vuelve a dar. A partir de ese momento comienza a fantasear con la idea del suicidio, que quiere llevar a efecto más adelante entrando primero en unos servicios públicos (la entrada a los mismos de un chico vestido con chaqueta de cuero se lo impedirá) y luego pidiendo permiso a una mujer para que le deje matarse en su cuarto de baño. Ante su negativa, vuelve al parque, donde dos hombres que lo han estado observando le quitan la pistola y él se queda abatido en el suelo. |
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La primera experiencia fílmica de Fassbinder constituye una auténtica sorpresa. Surgida como homenaje a El signo de Leo de Eric Rohmer -una de las películas favoritas del maestro alemán-, este Vagabundo conmueve por la presencia de algunas de las constantes temáticas que caracterizarán su cine y una planificación en la que destacan los encuadres artificiosos, erigiéndose como una especie de esbozo, de borrador de lo que ofrecerá su obra posterior. En primer lugar tenemos un paisaje urbano frío, solitario, otoñal, acechante, representado por las calles de Munich. Para seguir, nos encontramos ante una auténtica glorificación del suicidio (tal y como ocurrirá doce años después en la escalofriante En un año con trece lunas): en sus fantasías (acompañadas por el Concierto para órgano Nº 10 de Handel que tanto le gustaba y que utilizó posteriormente en diversas ocasiones), el vagabundo se imagina feliz por tener un arma en sus manos y se ve a sí mismo muerto en el suelo, adoptando la posición de un crucificado junto a una imagen de la Crucifixión de Cristo (motivo muy recurrente en su filmografía que alcanzará su punto culminante en el epílogo de Berlin Alexanderplatz o en su obra póstuma Querelle). Para terminar, el hombre no podrá llevar a cabo sus planes porque dos individuos le arrebatan la pistola: la sociedad es tan hostil que ni siquiera da oportunidad al vagabundo para quitarse la vida. Toda una temprana declaración de intenciones del gran Fassbinder. A eso se le llama coherencia. |
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