Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

IX. Armin Meier, el gran amor

"Mis películas giran en torno al problema de las relaciones entre las personas. Tanto si son heterosexuales, homosexuales, lesbianas o cualquier otra cosa, en mis películas y en todo lo que hago trato de exponer que las personas experimentan dificultades en sus relaciones"

R. W. Fassbinder

A comienzos de 1974, Rainer conoció a la persona que según Harry Baer fue “el único amor de su vida sobre el cual no tiene ningún control y en el que fracasará”. Aquí la palabra fracaso hay que entenderla en el sentido de que siendo el que le procuró mayor felicidad y estabilidad en su corta existencia, terminó escapándosele de las manos cuando Fassbinder dio por terminada esa relación cuatro años después. Esa persona era Armin Meier, empleado hasta ese entonces en un matadero de la ciudad de Munich.

La historia de ese muchacho era digna de una película del propio cineasta: el atractivo Meier debía su existencia a la Action Lebensborn, una fantasía siniestra del jefe de las SS hitlerianas, Heinrich Himmler, consistente en alentar la procreación entre los más destacados especimenes de la raza aria. Su madre al poco de nacer lo entregó a un orfanato. Cuando cumplió los quince años de edad, siendo todavía un analfabeto, un médico rural se hizo cargo de él y lo utilizó como jardinero, criado y compañero de cama. Doce años después se cansó y lo echó de su casa sin más trámite, llegando entonces a Munich donde consiguió un trabajo en el matadero que alternaba con el de camarero en el local Deutsche Eiche, el lugar de reunión para los representantes de la cultura alemana que Rainer había descubierto hacía poco y que no abandonaría hasta su muerte. Tal y como afirmaba Harry Baer, “un local como el Eiche no existe en ninguna otra ciudad (...) Es una taberna donde noche tras noche se reúnen cineastas, actrices, bailarinas, periodistas... que apenas tienen verdadera ocasión de exhibir su auténtica importancia porque a fin de cuentas se hallan en un ambiente donde todos se tutean (...) Para Fassbinder es la taberna ideal, el sustituto de la familia y de la sala de estar”.

Armin Meier en "Ruleta china" (1976)

Kurt Raab relata cómo fue el encuentro entre Rainer y Armin: “Estábamos en el Eiche degustando el plato de siempre: cerdo asado con pastelillos salados. De repente, Rainer dejó de comer y me dio un codazo: Mira, es idéntico a James Dean, me dijo. Alcé la vista. Señalaba al tipo que lavaba las jarras de cerveza. Un típico campesino bávaro que además no era un adolescente sino que estaba cerca de la treintena, al igual que Rainer. No estaba mal, pero tampoco se parecía en absoluto al mítico galán. Se lo dije. Pero Rainer insistió en que era hermoso y me pidió que averiguara quién era. Me acerqué y dijo que era carnicero y se llamaba Armin Meier. Trabajaba en la vecindad y se alojaba en el Eiche. Solía estar allí por las noches. Le informé a Rainer, que no se animó a abordarlo. Volvimos la noche siguiente y todas las noches: me obligaba a hacerle compañía mientras él miraba a Armin. Por fin lo invitamos a beber una copa después de su horario de trabajo pero Rainer, muy tímido, no se atrevió a avanzar más. El día de mi cumpleaños Rainer alquiló todo el Eiche y organizó una fiesta. Se emborrachó y, casi al final de la velada, salió con Armin. Lo primero que me dijo a la mañana siguiente fue: Anoche tuvimos nuestra noche de bodas. Estaba resplandeciente de felicidad”. Para Harry Baer, Armin era “una persona tan fresca y espontánea, tan ávida de absorberlo todo, tan tierna y sin complicaciones, que Rainer perdió todo el temor de entregarse él mismo de idéntica forma. Era feliz por primera vez”. Por su parte, Rainer diría años más tarde que “representaba para mí la única posibilidad de poner un poco de orden en mi vida”. No obstante, durante los cuatro años que duró la relación, Fassbinder no dejó de tener aventuras con otros hombres y mujeres (Kurt Raab, escarceos con su ex-mujer Ingrid Caven, nuevos intentos con Irm Hermann, o los esporádicos y estrafalarios gays norteamericanos que conocía en sus visitas a Nueva York).

Al igual que hizo con El Hedi ben Salem, también convirtió en actor secundario a Armin Meier, auque él mismo tenía que doblarlo ya que según Harry Baer “el dialecto tosco de la Baja Baviera que hablaba resultaba inservible incluso en los casos en que se hubiera requerido dicho acento”. Poco a poco, Armin fue creyendo que él y Rainer eran una sola persona. Harry Baer, de nuevo, es bastante gráfico en este sentido: “Poco a poco y sin darse cuenta, hablaba en plural mayestático: Nosotros hemos hecho una película y él ya decidirá qué has de hacer en la próxima... No pongas esa cara... Se adjudicaba de una forma conmovedora un resplandor que consideraba suyo. Podría tomársele a broma si no jugara a cineasta de un modo tan firme, ingenuo y auténtico. Rainer aprobaba satisfecho estas tentativas y las denominaba emancipación”. Lo cierto es que Armin convivía con una persona que había construido su vida privada y profesional en torno a su capacidad de dominar. Cocinando para Fassbinder, esperándole en el piso y teniendo que ir detrás suya para poner orden, Armin se estaba adaptando conscientemente al estilo de vida de aquél y, al mismo tiempo, adoptaba inconscientemente hábitos, poses, entonaciones y giros característicos de su amante. El propio Rainer se había esforzado por modelar a aquel muchacho y lo que consiguió realmente es que se repitiera como un loro, cosa que acabó por aburrir e irritar a su pedagogo particular. Así, tras una etapa feliz y tranquila, hacia 1977 la relación se tornó tormentosa y estuvo presidida por frecuentes riñas, palizas, relaciones sexuales sado-masoquistas y rupturas, todo ello agravado por el creciente consumo de cocaína y somníferos que Fassbinder tomaba. Muchas de esas disputas acababan con Armin expulsado del piso, a veces por periodos de hasta una semana, no pudiendo hacer nada para entrar en la casa ya que Rainer dejaba las llaves puestas por la parte interior de la cerradura. Según Harry Baer, “los asiduos del Eiche saben mucho más que yo sobre ciertos detalles íntimos de aquella relación. Hace tiempo que Rainer y Armin tienen un piso al otro lado de la calle. Corren rumores sobre orgías de grupo y de que Rainer puede con Armin y con varios más, y que Armin es la pobre víctima porque está muy enamorado de su hombre”. Ciertamente, los celos fueron adueñándose de Armin a medida que Fassbinder iba tomando menos interés en la relación. Así, durante el rodaje de Desesperación en 1977 donde participaba como actor secundario y con el motivo de llamar la atención, escondió la parte del guión que tocaba filmar cierto día con diversos dibujos de encuadres que Rainer había realizado. Lógicamente el trabajo de esa jornada fue en vano.

Fassbinder en una fiesta de disfraces

A finales de ese mismo año, en octubre, Fassbinder comenzó la filmación de su episodio para la obra colectiva Alemania en Otoño, donde hizo un claro y exhibicionista paralelismo entre su vida privada con Armin y su madre y la situación política que vivía Alemania por aquel entonces (la proclamación del estado de excepción como consecuencia de las acciones terroristas que la RAF estaba llevando a cabo para exigir la liberación de sus presos y la muerte de éstos en extrañas circunstancias mientras cumplían condena). En su extraordinaria aportación, el maestro alemán expone con una sinceridad sobrecogedora la imagen que tiene de sí mismo: un déspota que, a la vez que descarga sus inseguridades sobre Armin, lo necesita desesperadamente a pesar de todo. El siguiente diálogo de este episodio resulta revelador sobre cómo era esta relación en su tramo final y cómo podía saltar la chispa en cualquier momento y por cualquier motivo:

ARMIN: (...) Y a los otros que están en prisión la policía tendría que fusilarlos o colgarlos.

FASSBINDER: Muy bien. Y lo dices en serio, ¿no? Si tu opinión tuviera incidencia los ejecutarías o los lincharías a todos.

ARMIN: Sí.

FASSBINDER: ¿Y quien los mataría por ti?

ARMIN: El Estado.

FASSBINDER: El Estado, ¿no? ¿La policía o algo así?

ARMIN: Sí.

FASSBINDER: ¿Y quién les da derecho a hacer esto?

ARMIN: Si me lo dieran a mí no haría falta ni Estado ni lo otro.

FASSBINDER: Vale. Un momento... un momento... O sea, que para ti si alguien hace algo equivocado eso da derecho al resto a hacer algo igualmente equivocado... especialmente si el otro, el Estado o lo que sea, tiene el poder, ¿no?

ARMIN: Sí.

FASSBINDER: Muy bien. Entonces te lo diré muy claro. Esta es mi casa, ¡lárgate de aquí!

ARMIN: Esta casa es tan mía como tuya.

FASSBINDER: ¡Es mi casa! (Los dos comienzan a pegarse).

FASSBINDER (detiene la pelea): Vale, vale... un momento. Y ahora... largo... ¡Fuera te he dicho!.

ARMIN: Vale, pues me voy. Ahí te quedas.

FASSBINDER (tras echarse contra la pared y mirar hacia el suelo lo llama a continuación de forma desesperada): ¡Armin!

En otra secuencia, vemos a Rainer solicitar cocaína por teléfono y cómo su amante lo recrimina con tacto:

FASSBINDER (hablando por teléfono con un camello al que llama Ziggy): (...) ¿Y podrías proporcionarme algo?...Sí, tres, tres gramos o algo así, vale. Me los envías, ¿vale?... De acuerdo, muchas gracias. (cuelga el teléfono).

ARMIN: Creía que ya no tomabas nada...

FASSBINDER: Yo también lo creía. ¡Estoy depre! ¡No sé qué haré, no sé si quiero ir a trabajar! (gritando)... Al menos lo de Ziggy ayuda...

ARMIN: Ya... lo mismo de siempre...

Dos meses antes de su trágico final y justo después de concluir el rodaje de El matrimonio de Maria Braun en marzo de 1978, la pareja viajó a Nueva York para intentar buscar una salida a la crisis a la que habían llegado. Sin embargo, el director alemán aprovechó el viaje para iniciar una nueva aventura escogiendo una vez más a un amante de color. Enloquecido por los celos, Armin volvió a Munich. Desde la ciudad norteamericana Fassbinder le escribió una enrevesada carta de varias hojas donde le decía que su relación había terminado y que le ofrecía el apartamento que compartieron cerca del Eiche y una asignación mensual. Armin, que no tenía manera de entender aquella complicada carta, se dedicó a vagar por el Eiche en busca de alguien que interpretara los significados ocultos que contenía. Una de las muchas personas que la leyó le dijo a Kurt Raab que “la carta estaba escrita en una prosa difícil pero también muy hermosa y se trataba evidentemente de un mensaje de despedida”. Desde ese momento, el empleado de matadero convertido en actor se dedicó a vagar por la ciudad, entregándose a la bebida y a la droga, diciendo a sus conocidos que se reuniría en Cannes con Rainer, pero éste dio instrucciones de que hicieran cualquier cosa para impedirlo. Así ocurrió. El 31 de mayo Fassbinder festejó su treinta y tres cumpleaños sin Armin.

Fassbinder y Armin Meier en "Alemania en Otoño" (1978)

Días después, el seis de junio, el portero del edificio donde vivía Armin entró en el Eiche para informar sobre el hedor que emanaba del apartamento de Rainer. Llamaron a Lilo, la madre de Fassbinder, que tenía una llave. Al abrir la puerta encontraron el cadáver de Armin: se había suicidado hacía unos días ingiriendo cuatro frascos de somníferos junto a una buena cantidad de alcohol. Al ser informado de la noticia, Rainer desapareció y no acudió al entierro. El escándalo fue mayúsculo. Desde ese momento no pararon de enviarle mensajes amenazantes y le prohibieron poner los pies en el Deutsche Eiche. Mientras tanto, se encerró en la habitación de un hotel de Frankfurt y se negó a salir de ella durante varios días. Cuando fue a visitarlo, Harry Baer le preguntó si realmente era un ser humano: “Fassbinder me responde que no podía asistir al entierro de ninguna de las maneras porque se habría derrumbado ante la tumba y los demás descubrirían que el cerdo asesino volvía a poner en escena otra de sus malditas comedias”. Cuando por fin afrontó la situación, decidió acometer un mes después el rodaje de En un año con trece lunas, “una película -según Fassbinder- en la que además de expresar mis sentimientos de pena y dolor ante el suicidio dijera mucho más de lo que pudiera decir yo sobre Armin”. La caza de brujas se desató aún mas, ya que fue acusado de utilizar el dolor que le provocaba una muerte anunciada y en cierta forma provocada como tema para un film suyo: prácticamente fue una apología del suicidio que escribió, fotografió, montó y escenografió. Pese a todo, la historia de los cinco últimos días de vida del transexual Erwin/Elvira, convertido en una mujer por el amor que sentía hacia un hombre, dio lugar a una de las obras capitales de la filmografía fassbinderiana.

Aunque en el plano personal de Rainer hemos llegado hasta mediados de 1978, por lo que respecta al cinematográfico debemos retroceder hasta 1974, año en que estrena otra de sus cumbres como autor, Fontane Effi Briest (1972-74), su película más cara hasta ese entonces, que supuso una apasionada defensa de la mujer y un penetrante retrato acerca del concepto del honor en la sociedad burguesa de la Prusia de comienzos del siglo XX: la joven Effi, casada con un respetable barón pero insatisfecha con su matrimonio, mantiene un idilio con el mayor Crampas. Cuando su marido se entera, la condena a vivir en soledad. El papel de la sufrida Effi fue el último que, de momento, interpretaría para Fassbinder su gran musa Hanna Schygulla: una discusión en torno a cuestiones económicas hizo que Rainer se enfureciera tanto con ella que decidió mantenerla apartada de su cine. No será hasta cuatro años después, en 1978, cuando Schygulla trabaje de nuevo para el genio alemán encarnando nada menos que a la heroína Maria Braun en El matrimonio de Maria Braun. Tras Effi Briest, rodó La ley del más fuerte, una de sus obras más emblemáticas, que vino a ser el equivalente masculino de Petra von Kant por cuanto se trata de uno de sus ejemplos más contundentes y feroces sobre la equiparación que tanto le obsesionaba entre relaciones personales y explotación socio-económica: un homosexual bonachón de origen humilde gana un premio en la lotería, lo que le lleva a introducirse en círculos sociales más altos donde conoce a un hombre que se aprovechará de él sin piedad y provocará su autodestrucción. La última producción de Fassbinder en 1974 fue un espectáculo musical televisivo -rodado en video- a cargo de la veterana actriz y cantante Brigitte Mira, a la que admiraba profundamente: además de proporcionarle papeles secundarios, le regaló los protagónicos de la viuda enamorada del marroquí en Todos nos llamamos Alí o el de la sufrida mamá Küsters. Tuvo por titulo Como un pájaro en un alambre en referencia directa a la canción del mismo titulo de Leonard Cohen.

Finalmente, en 1975 rodó una de sus películas más polémicas, El viaje a la felicidad de Mamá Küsters, un impresionante y despiadado estudio sobre la institución familiar, la insolidaridad humana, cierto tipo de prensa y el egoísmo de las ideologías para con los problemas del individuo que levantó ampollas en todos los sectores políticos de Alemania, desde la derecha hasta la izquierda pasando por los anarquistas: el marido de mamá Küsters asesina al jefe de la fábrica donde trabaja al enterarse que iba a despedir a un buen número de obreros. La prensa sensacionalista y los partidos políticos aprovecharán la situación para favorecer sus intereses, provocando primero la desilusión y más tarde la tragedia en la mujer protagonista.

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