Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

Alemania en Otoño (Deutschland im Herbst, 1977)

Directores: Alf Brustellin, Rainer Werner Fassbinder, Alexander Kluge, Maximiliane Mainka, Edgar Reitz, Katja Rupé / Hans Peter Cloos, Volker Schlöndorff, Bernhard Sinkel Guión: los realizadores mencionados más Heinrich Böll y Peter Steinbach Producción: Project Filmproduktion im Filmverlag der Autoren; Hallelujah-Film; Kairos-Film Coste: 450000 marcos Duración del rodaje: Meses de octubre de 1977 a febrero de 1978 Duración: 134 minutos Fecha de estreno: 3-3-1978, en el Festival de Berlín

Episodio de Fassbinder. Guión: Rainer Werner Fassbinder Fotografía: Michael Ballhaus (Color, 35 mm, 1.66:1) Montaje: Juliane Lorenz Sonido: Roland Henschke Duración del rodaje: 6 días (octubre de 1977) Duración: 26 minutos Intérpretes: Rainer Werner Fassbinder, Lilo Pempeit, Armin Meier

Premios y nominaciones: Bundesfilmpreis (Premios del Film Alemán): Premio para el equipo al completo por la extraordinaria aportación individual de sus miembros a la concepción del film. Festival de Berlín: Nominada al Oso de Oro como Mejor Película

La película

Alemania en otoño surgió como respuesta a una de las más graves crisis políticas que, en 1977, vivió Alemania: tenía que ver con una serie de hechos relacionados con la RAF, banda terrorista de tendencia marxista-leninista-maoísta creada por Andreas Baader y Ulrike Meinhoff que tenía como fin demostrar la auténtica naturaleza represiva del Estado germano respondiendo con todo tipo de actos terroristas dirigidos contra la oligarquía de Alemania occidental y contra los intereses militares de EEUU en Europa. Una vez encarcelados sus principales miembros en la prisión de seguridad de Stammhein, morirían poco tiempo después en extrañas circunstancias: Ulrike Meinhoff falleció en 1976, y un año más tarde lo hicieron los dirigentes Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Jens Carl Raspe. Mientras que el gobierno alemán presentó un cúmulo de pruebas para fundamentar la tesis del suicidio colectivo, cada vez cobraba mayor fuerza la idea de que fue el Estado el que había ejecutado a Baader y sus camaradas. Poco antes de estas muertes, la banda (reestructurada en 1977) exigió la liberación de los terroristas presionando al Estado mediante la puesta en marcha de acciones sangrientas y espectaculares, entre ellas el secuestro realizado por simpatizantes palestinos de un avión de la compañía Lufthansa con destino a Mogadiscio (Somalia) en el que viajaban 91 personas que fueron liberadas por un escuadrón antiterrorista de la policía alemana no sin antes matar al cabecilla de los piratas aéreos y a dos de sus secuaces, liberación que a su vez provocó que los terroristas de la RAF asesinaran al dirigente de la patronal Hans-Martin Schleyer que tenían secuestrado, a su chofer y a tres de sus guardaespaldas.

Estos sucesos provocaron la proclamación del estado de excepción, surgiendo entonces la idea de realizar una película dirigida a la democracia del país alemán que reflejara a través de una serie de episodios las emociones y los distintos puntos de vista acumulados ante aquella situación. Theo Hinz, de la Filmverlag der Autorem, afirmó que era necesario rodar una obra de esas características porque "todos teníamos la impresión de vivir bajo un histerismo general contra los terroristas, bajo una indiscriminada persecución de sus simpatizantes, bajo una amenazadora criminalización de toda crítica en torno a las circunstancias, bajo un recelo y un temor general de la censura que estaba imponiéndose, pero sobre todo bajo el miedo de ver convertida en realidad una nefasta alianza entre el terrorismo y el fascismo". Los ocho directores elegidos fueron Alf Brustellin, Rainer Werner Fassbinder, Alexander Kluge, Maximiliane Mainka, Edgar Reitz, Katja Rupé / Hans Peter Cloos, Volker Schlöndorff y Bernhard Sinkel.

Episodio de Rainer Werner Fassbinder

En octubre de 1977, Fassbinder llevó a cabo la filmación de su episodio para la obra colectiva Alemania en Otoño, aportando el fragmento más intimista, celebrado y descarnado de la misma, donde hacía una transposición clara y casi exhibicionista entre la situación vivida en el país y la suya personal en su vivienda a través de las relaciones con su madre y con Armin Meier, su amante. Así, podemos ver a Rainer trabajando en el guión de la serie Berlin Alexanderplatz; respondiendo a constantes llamadas telefónicas en torno a los hechos que se suceden; solicitando droga a un proveedor y arrojándola después al inodoro por miedo a que la policía irrumpa en el piso; discutiendo verbal y físicamente con Armin sobre la crisis política desatada, pues ambos defienden posturas encontradas; y polemizando de forma exaltada con Lilo, su madre, haciéndole ver lo equivocado de sus razonamientos burgueses respecto a los actos terroristas.

En su episodio, Fassbinder expuso con sobrecogedora desnudez (metafórica pero también física) su impotencia, su temor y su desesperación ante la deriva política del país, ofreciendo a la vez un impactante autorretrato donde no existía la menor línea divisoria entre el artista y su obra, lo que sin lugar a dudas refuerza sus imágenes, que logran un modélico y armónico equilibrio donde confluye su pretendido tratamiento documental  y el cuidado de la delicada puesta en escena. Para Yann Lardeau, "Fassbinder ofrece una imagen muy dura de sí mismo, odiosa, sin concesiones, de un egoísmo monstruoso. La intransigente defensa que hace de los principios de la democracia adquiere tintes de un despotismo absoluto en su persona. Armin se desvive por él, le prepara la comida, le sirve la bebida, se muestra solícito, afectuoso, pero Fassbinder, siempre colgado del teléfono hablando con interlocutores lejanos, no presta la menor atención a estas demostraciones de cariño. Lo ignora, lo insulta, le pega cuando no tolera sus opiniones... hasta que él mismo, presa del pánico, se derrumba, se echa a llorar y lo requiere a su lado".

El diario vienés Die Presse describió perfectamente este aterrador y fundamental documento: "En el contexto de este fragmento escenificado por Fassbinder con una sinceridad rayana en lo intolerable, con un exhibicionismo implacable de sí mismo, su implorante súplica en favor de la subsistencia de la democracia y el estado de derecho resulta, no obstante, desgarradora".

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